Kenya: Nuevos empleos para luchar contra el hambre y la escasez de alimentos

14-may-2012

La población de Namelok, en la región de Amboseli, en Kenya, ha tenido que aprender a adaptarse al cambio. Pertenecen a la etnia masai y, tradicionalmente, viven de su ganado, pero las sucesivas sequías han diezmado muchos de sus rebaños, por lo que decidieron romper con la tradición y ahora cultivan tomates, maíz y frijoles.

Para escuchar su historia en persona, la Administradora del PNUD, Helen Clark, visitó la zona antes del lanzamiento del Informe sobre Desarrollo Humano de África, el 15 de mayo. “Creo que en África la respuesta para luchar contra el hambre y la escasez de alimentos se basa en empoderar a las mujeres campesinas”, dijo Helen Clark, después de reunirse con estas mujeres.

Motialo Kiserian, de 43 años de edad, se ganaba la vida con la venta de cabras en el mercado local después de que su marido la abandonara con cuatro hijos que alimentar. Pero el ingreso no es fiable y sólo alcanza a ganar alrededor de 50 dólares al mes. Ahora, ella y los demás miembros de su grupo de mujeres han alquilado una hectárea de tierra, con la ayuda de una pequeña organización benéfica local, y ya han conseguido una buena cosecha que les ha proporcionado alrededor de 500 dólares, que fueron entregados a las mujeres más necesitadas de recursos.

“Nos gustaría trabajar más tierra cultivable y a una mayor escala”, afirma Motialo. “Y queremos aprender mejores prácticas agrícolas, a fin de poder llegar a ser una comunidad capaz de sostenerse a sí misma”.

La explotación agrícola de estas mujeres se encuentra al pie del monte Kilimanjaro, y los manantiales naturales que les proporcionan el agua son alimentados por los glaciares de la montaña. Esta misma agua no sólo sirve a los agricultores de la región, sino también a un ecosistema biodiversificado, que incluye manadas de elefantes que atraen a visitantes de todo el mundo al cercano parque de Amboseli. El turismo es una importante fuente de divisas para Kenya, y la comunidad internacional ha reconocido que la conservación también puede traer beneficios económicos.

La Reserva de Satao Elerai es un corredor de vida salvaje de 30.000 hectáreas que ha sido preservado por la comunidad para proteger el medio ambiente y proporcionar ingresos provenientes del turismo. Un campamento de lujo construido en la Reserva es una fuente de ingresos para los masai propietarios de las tierras. El dinero obtenido se ha utilizado para excavar un pozo muy necesario y actualmente se emplea en la construcción de una escuela.

Eso no es todo, explica el secretario de la Reserva Elerai, Jonah Marapash, que proviene de una aldea cercana al campamento. “La gente tiene un empleo”, dice Marapash, “y dispone de combustible para hacer funcionar su generador que les permite disponer de agua, además de recibir una buena cantidad de ingresos que nos permite dar becas de estudio y facilitar incluso asistencia médica cuando alguien se halla en situación de emergencia, además de otros tipos de asistencia que requiere la comunidad.”

“Estamos en una zona con increíbles valores de conservación”, señaló Helen Clark, mientras visitaba la Reserva, “pero también es un área donde la gente ha vivido durante milenios. Así que de lo que se trata es de encontrar un modo de vida para la población que permita avanzar en el desarrollo humano y a la vez proteger la naturaleza. Y creo que este pueblo está muy comprometido con esta búsqueda.”

El objetivo final de comunidades como ésta consiste en poder gestionar mejor sus recursos, de modo que en épocas de sequía dispongan de otras fuentes de ingresos y no se vean obligadas a vender sus tierras y medios de vida, y puedan tener éxito como agricultores, sean cuales sean las condiciones del clima.