Belarús muestra el modelo para proteger las frágiles turberas

18 octubre 2010

Al mismo tiempo que delegados de todo el mundo se reúnen esta semana en una conferencia internacional sobre la biodiversidad en Nagoya, Japón, un proyecto que cuenta con el respaldo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) se presenta como un modelo eficaz para la protección de una zona de flora y fauna excepcionalmente rica.

La décima Conferencia de las Partes (COP10) sobre el Convenio sobre la Diversidad Biológica de 1992, que se celebra del 18 al 29 de octubre, profundizará especialmente en los entornos continentales, costeros, marinos y montañosos y observará el efecto del cambio climático así como las soluciones para proteger y utilizar de forma sostenible las zonas sensibles desde un punto de vista ecológico.

Entre los lugares frágiles del mundo se encuentran los más de cuatro millones de kilómetros cuadrados de turberas distribuidos en 180 países. Este año ha finalizado un proyecto respaldado por el PNUD y el FMAM que ha durado cuatro años. Con él se han conseguido salvaguardar 28.200 hectáreas de pantanos de turba de Belarús que abarcan aproximadamente el 6,4% del país.

El proyecto de restauración de 2006-2010 se centró en 17 zonas pantanosas que se habían drenado entre 1950 y 1990 debido a la extracción a gran escala o a trabajos agrícolas. La turba se extraía por su valor como fuente de combustible y material para el aislamiento.

El drenaje de estos lugares secó la tierra, convirtiéndola en zona muy vulnerable a los incendios persistentes que liberan aproximadamente 235.000 toneladas de CO2 cada año. La rehidratación de los pantanos, mediante el llenado de los fosos de drenaje y la construcción de presas para que aumenten los niveles de las aguas subterráneas, acabó con los incendios y redujo el gasto público en extinción de incendios en una cifra estimada de 1,5 millones de dólares anuales.

Asimismo, la restauración, que supone un promedio de 50 dólares a 100 dólares por hectárea, detuvo las emisiones de CO2 y creó un entorno más fértil para la recogida de arándanos, la pesca, la caza y el turismo así como para la flora y fauna, lo que incluye pájaros amenazados como el zarapito y el águila moteada.

“Esperamos que en esta conferencia las partes prioricen la protección, la restauración y el uso inteligente de las turberas del mundo como medidas esenciales y rentables a favor de la conservación de la biodiversidad y de la mitigación y adaptación basadas en el ecosistema,” afirmó Nik Sekhran, Asesor Técnico Principal del PNUD para la Biodiversidad.

El proyecto de Belarús derivó en la adopción por parte del Gobierno de una política sobre zonas de turberas en las que se haya llevado a cabo actividades de extracción. Según la política, las zonas afectadas se restaurarán al final de su “vida económica”. Previamente, se convirtieron en reservas o zonas de bosque.

Actualmente, el equipo del proyecto comparte sus experiencias con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y presta su apoyo a las negociaciones para que se incluyan las turberas en futuros mecanismos del comercio de carbono bajo los auspicios de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Las turberas almacenan cerca de un tercio del carbono mundial en el suelo y representan uno de los mayores depósitos de carbono del planeta.