Bangladesh: un techo nuevo para las víctimas del huracán Sidr

13 agosto 2010

En noviembre de 2007, el huracán Sidr devastó la costa de Bangladesh, causando casi 4000 muertes, dejando a millones de personas sin hogar y arrasando con el ganado, las cosechas, maquinarias  agrícolas y barcos de pesca esenciales para la subsistencia de las personas.

Durante los días y semanas siguientes a la destrucción que dejó Sidr a su paso, se puso en acción un esfuerzo masivo de asistencia. El Gobierno de Bangladesh, junto con el PNUD y otros socios internacionales, respondieron rápidamente enviando desde alimentos y agua potable hasta equipos de emergencia para viviendas.

Sin embargo, esta respuesta a la emergencia se trataba sólo del comienzo. Durante el año que siguió al huracán, el PNUD construyó más de 9000 viviendas resistentes a los desastres, y se están construyendo otras 6000. Con el apoyo financiero de aproximadamente $US 3.8 millones del Reino Unido, el PNUD se concentró en proporcionar vivienda a las familias más vulnerables, en los distritos más afectados.

Las nuevas estructuras fueron diseñadas de acuerdo a las necesidades locales ambientales y culturales, y permiten ser ampliadas en el futuro, lo que da a las familias la oportunidad de invertir sus propios recursos en agrandar sus hogares. Las viviendas también incluyen alcantarillas para recoger agua de lluvia y un entresuelo – ambos fueron sugeridos por las mujeres durante la fase de consulta.

Sin embargo, mientras que estos planos se ven muy bien en papel, la construcción de las viviendas no ha sido nada simple. Por ejemplo, las viviendas están diseñadas y construidas para resistir huracanes categoría 4; pero esta solidez no se logra fácilmente ya que cada vivienda requiere de 4500 ladrillos, hasta 20 bolsas de cemento y un apuntalamiento para el techo que pesa casi 160 kilos.  

Procurar estos materiales y transportarlos a las obras en terrenos alejados ha resultado todo un desafío. En los cinco distritos más afectados por Sidr, el transporte y la comunicación han sido enormes obstáculos.

Kulsum Begum de 43 años, es una de las beneficiarias del programa y vive en Golachipa Upazila en el distrito de Potuakhali, una región en la franja costera que estuvo entre las más afectadas por el huracán Sidr. Ella y su marido– un pescador cuyo medio de subsistencia también fue destruido por Sidr – tienen seis hijos. Como muchas familias del programa, Kulsum está muy involucrada en la construcción de su casa, siguiendo atentamente el progreso y ayudando cuando es posible.

Ella también conoce muy bien las dificultades que presenta la obra en esa área.  

“No tenemos una carretera, por eso estamos teniendo muchas dificultades para traer los materiales para los obreros de la construcción. También hay tormentas y otros desastres naturales, que demoran nuestro trabajo,” dijo.

 Estas dificultades se han visto agravadas por la geografía ribereña constantemente cambiante que caracteriza a Bangladesh. Durante la estación invernal seca se pueden utilizar camiones, tractores y rickshaws furgoneta. Sin embargo, cuando llega la lluvia, el transporte está sumamente limitado hasta que el nivel del agua sube lo suficiente como para permitir el uso de pequeños botes, a menudo sin motor.

También ha sido un reto conseguir mano de obra local especializada: es difícil encontrar albañiles, carpinteros y soldadores en algunos de los distritos donde está construyendo el PNUD, lo que significa que se debe buscar trabajadores mucho más lejos. Los socios contratistas del PNUD, responsables por las realidades diarias de la construcción de estas casas, traen trabajadores de los centros urbanos más cercanos, donde se puede encontrar más experiencia y especialización. Estos trabajadores reciben alojamiento y otros incentivos para trabajar en lugares remotos por el período que dura la construcción.

Así, a pesar de tales retos, la construcción continúa, con un poco de inventiva. Allí donde los camiones no pueden pasar, lo harán los botes. Cuando los botes no puedan viajar, se llamará a los rickshaws furgoneta. Y cuando los rickshaws ya no puedan continuar, la propia comunidad dará una mano –o una idea- para que las cosas se concreten.