Nuevas oportunidades para las víctimas de las minas en Iraq

03 diciembre 2009

Erbil, Kurdistán iraquí –  Iraq es uno de los países más contaminados por artefactos explosivos sin detonar. Todos los años un número indeterminado de personas muere o queda mutilado en este país a causa de las minas terrestres y otros artefactos abandonados tras los conflictos. Una de las víctimas es Yahya Muhammed Taha, quien perdió su pierna izquierda hace siete años, cuando tenía 23, al pisar una mina abandonada.

“Quiero trabajar y ser autosuficiente para dar una vida mejor a mis hijos y a mi familia. No quiero que mis hijos sientan que su padre es un hombre discapacitado e incapaz de darles lo mismo que otros padres”, dijo el Sr. Taha.

El suelo de Iraq está contaminado con aproximadamente unos 20 millones de minas terrestres, muchas de ellas enterradas en las zonas fronterizas con Irán (herencia de la guerra entre los dos países durante 1980-1988). Asimismo, hay diseminados por todo el territorio iraquí millones de restos de bombas racimo sin detonar como consecuencia de la Guerra del Golfo de 1991 y el conflicto bélico iniciado en 2003. 

Sólo en la Región de Kurdistán hay registrados 3.512 campos de minas que cubren un área de 788 km2. Hasta la fecha, sólo se ha limpiado una sexta parte del terreno contaminado.
En la época del accidente, el Sr. Taha estaba escolarizado en el décimo grado. A pesar de perder la pierna continuó sus estudios y acabó graduándose de la Universidad de las Artes de Erbil.

Según datos gubernamentales, las minas terrestres y los explosivos abandonados en Iraq causaron 14.000 víctimas entre 1991 y 2007. El Gobierno estima que en las tres provincias kurdas del norte del país la cifra total de víctimas (muertos y heridos) durante el periodo 1991-2008 fue de 8.174.

“Necesito que las autoridades locales me escuchen y me ayuden”, dijo el Sr. Taha. “Tienen que saber que hay personas con discapacidades que podemos trabajar y ser autosuficientes. Desde el momento del accidente hasta ahora ni las fundaciones gubernamentales ni ninguna otra organización me ha ayudado, excepto el Centro Ortopédico de Formación Vocacional y Rehabilitación Diana”.

Con objeto de ofrecer cuidados y servicios especializados a las víctimas de las minas en el norte de Iraq, el PNUD, con ayuda financiera de Japón y Australia, lleva apoyando desde 2007 un centro de rehabilitación en cada una de las tres provincias kurdas: la Organización para la Rehabilitación de los Discapacitados del Kurdistán (KORD por sus siglas en inglés), en Sulaimaniyah, el Centro Ortopédico de Formación Vocacional y Rehabilitación Diana (DPLC, siglas en inglés), en Erbil, y el Centro de Prótesis para las Extremidades (PLCD, siglas en  inglés), en Dahuk.

Por medio de estas iniciativas, el PNUD ha contribuido a ofrecer más de 10.000 sesiones de fisioterapia, 4.500 sistemas de ayuda a la movilidad y cerca de 4.800 aparatos ortopédicos/prótesis a víctimas de las minas. Además, los centros proporcionan formación vocacional y ayudas económicas para la creación de pequeños negocios, y para mejoras y adaptaciones en las casas dirigidas a que las víctimas puedan vivir en sus hogares a pesar de sus discapacidades. El proyecto se lleva a cabo en alianza con la Organización Mundial de la Salud.

Después de graduarse de la universidad el año pasado, el Sr. Taha volvió a casa pero no pudo encontrar trabajo debido a su discapacidad. Este otoño comenzó a asistir a un curso de programación informática de seis meses de duración impartido en el Centro Ortopédico de Formación Vocacional y Rehabilitación Diana.

“Programación informática fue una de mis asignaturas en la universidad, pero entonces no aprendí tanto como en los tres meses que llevo en este curso adquiriendo conocimientos comerciales de computación”, apuntó. 

Luego de acabar el curso de seis meses, el Sr. Taha será elegible para recibir una pequeña subvención del Centro como ayuda parcial para la apertura de su propia tienda de informática; el resto de la financiación la debe obtener él por sus propios medios.

“Queremos trabajar y mantenernos a nosotros mismos. No queremos vivir de la caridad de nadie. Personalmente, no me gusta que la gente me compadezca por ser una persona discapacitada. Cuando abra mi tienda podré trabajar allí y hacer lo máximo para tener éxito y ser completamente autosuficiente”, dijo sentado en frente de las modernas computadoras del Centro.