Haciendo lo posible por mantenerse a flote en Mauritania

19 junio 2009

woman selling her products in mauritania
Photo: UNDP

Antes de la crisis económica, Khadijetou estaba encaminada a alcanzar su sueño de tener su propio negocio, y aunque lo perdió y se endeudó, todavía es optimista de que lo conseguirá algún día.

Khadijetou, su esposo y sus cinco hijos viven en Dair Naim, un distrito pobre fuera de la capital, Nuakchot. El salario discreto de su marido como carretero no alcanzaba para cubrir las necesidades de la familia, así que, en 2007, ella reunió a diez otras mujeres de su barrio y solicitaron ayuda financiera del Fondo de Apoyo a la Profesionalización de las ONG, auspiciado por el PNUD (Fapong). Con el préstamo de US$ 1.000 que recibieron, Khadijetou y sus socias establecieron una cooperativa de venta de pescado y hortalizas.

Inicialmente, el negocio tuvo éxito. Khadijetou ganaba entre US$8 y US$10 por día, que es una cantidad considerable en un país donde el sueldo mínimo mensual es de unos US$75. La mitad de ese dinero lo gastaba en su familia y la otra mitad lo depositaba en una cuenta de ahorros, con la esperanza de llegar a tener su propio negocio. Entonces las cosas cambiaron.

Su esposo perdió el carro y Khadijetou ya no podía ahorrar tanto dinero. La crisis económica comenzó a apretar a los mayoristas que aumentaron sus precios, lo que forzó a la cooperativa de Khadijetou a subir sus propios precios de venta. Menos clientes pudieron entonces permitirse comprar el pescado y las hortalizas que vendían.

Ella habla del dilema que tenía entonces, y dice “Si no vendía los productos a crédito, se echaban a perder porque no teníamos cómo mantenerlos frescos, y además mis clientes me consideraban una persona mala. Por otra parte, si no conseguía tener ganancias, mis socias me veían como una mala administradora y me acusaban de despilfarrar su dinero.”

Este círculo vicioso eventualmente llevó la cooperativa a la ruina. Khadijetou recuerda el pasado con nostalgia.

“Todo iba muy bien, nuestro grupo proveía a todo el distrito de productos frescos. Ahora las cosas cambiaron, incluidas en el nivel social. Muchas mujeres me deben dinero y me evitan”, dice.  
Actualmente, los miembros de la cooperativa están buscando la manera de reembolsar la deuda que tienen con Fapong, que afortunadamente no es por mucho dinero. Lejos de darse por vencidas, Khadijetou y sus amigas piensan comenzar otras actividades económicas, y esperan que esta vez sí la situación económica mundial mejore.

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