Ayudando a la juventud de Yemen a luchar contra el desempleo

Una mujer joven plantando árboles como parte de un proyecto de empoderamiento económico para jóvenes de Yemen
Una mujer joven plantando árboles como parte de un proyecto de empoderamiento económico para jóvenes de Yemen. (Foto: PNUD Yemen)

Tahani, de 25 años, camina junto a una hilera de árboles que ella y su equipo han plantado esta mañana.

«Tener trabajo es algo bueno. Y plantar árboles me produce una grata sensación. Estos árboles vivirán durante muchos años», afirma.

Aspectos Destacados

  • El reciente episodio de inestabilidad social en Yemen ha debilitado la economía del país, y la tasa de desempleo juvenil ha ascendido hasta el 50%.
  • Más de 1.200 jóvenes han recibido formación gracias a un proyecto del PNUD. Muchos de ellos ahora son económicamente independientes y pueden empezar nuevos negocios y carreras profesionales.
  • Este modelo también ayuda a la comunidad, ya que contribuye a mejorar el acceso al agua, crear mercados inclusivos, rehabilitar escuelas y otros edificios afectados por el conflicto, construir terrazas agrícolas y plantar árboles.
  • El proyecto está financiado por el Gobierno del Japón, que aportó 2 millones de dólares, y el Gobierno de la República de Corea, que contribuyó con 200.000 dólares.

Pero la vida no ha sido siempre tan benevolente con Tahani. Su padre murió hace muchos años y ella tiene que trabajar para mantener a su hermano menor, que padece epilepsia, una enfermedad cuyo tratamiento requiere medicinas muy caras. Aunque terminó los estudios de secundaria con una nota media de 8,6, nunca pudo cumplir su sueño de estudiar medicina.

Sin embargo, un proyecto comunitario financiado por el PNUD le permite ganar un sueldo y ahorrar para el futuro. Algún día, tal vez llegará a cumplir su sueño.

Tahani participa en el Proyecto para el empoderamiento económico de jóvenes, una iniciativa del PNUD que replica el modelo de reintegración denominado 3x6 de Burundi, que tuvo resultados muy positivos para el país. El proyecto ofrece empleos a Tahani y a otros 1.200 jóvenes de una duración de entre 2 y 4 meses, que incluyen la construcción de pozos para mejorar el acceso al agua en áreas rurales; la constitución de mercados;  la plantación de árboles y la creación de terrazas agrícolas para contribuir a la sostenibilidad ambiental y reducir el consumo de agua; y la rehabilitación de infraestructuras públicas, como edificios escolares, que quedaron dañadas durante el reciente conflicto en Yemen.

Además, el programa ofrece cursos de formación para que Tahani pueda abrir un taller de costura. No es lo mismo que estudiar medicina, pero ella asegura que el dinero que ganará con el negocio es un primer paso hacia el cumplimiento de su costoso objetivo.

Un tercio del sueldo que reciben los participantes del programa se deposita directamente en la cuenta de ahorros de un banco de microfinanciación. Una vez concluido el periodo del trabajo, los beneficiarios pueden destinar este dinero (aportado por el PNUD), y todo lo aprendido en los cursos de formación sobre cómo empezar un negocio, a asociarse con otros beneficiarios del programa y fundar pequeñas empresas. Aparte de talleres de costura, los participantes se están preparando para abrir otros negocios, como granjas, talleres de soldadura y carpintería o cocinas para servir caterings. Muchos de estos negocios ofrecen a las mujeres la posibilidad de trabajar en ámbitos donde, en otras circunstancias, no podrían trabajar en Yemen. Los graduados del programa ya han fundado más de 50 empresas, a pesar de que la iniciativa tan solo lleva siete meses en funcionamiento.

Este programa también permite reducir las posibilidades de que estallen más conflictos en Yemen, donde los episodios de violencia que tuvieron lugar recientemente han provocado una contracción económica y un aumento de la tasa de desempleo. Más del 50% de los yemenís de entre 18 y 24 años no tienen trabajo, lo que supone una bomba de relojería para que en el futuro vuelva a estallar la violencia, según Gustavo Gonzales, Director para el País del PNUD en Yemen.

«El conflicto de 2011 surgió a raíz de las protestas de jóvenes yemenís que exigían puestos de trabajo decentes, mejores salarios y más oportunidades. Paradójicamente, el impacto a corto plazo de la transición ha sido el aumento de la tasa de desempleo. El conflicto y la inestabilidad social tuvieron consecuencias muy negativas para la economía y, consecuentemente, el riesgo de que en un futuro cercano volvamos a vivir periodos de inestabilidad y violencia se ha incrementado», explica Gustavo Gonzales.

La opinión de Gonzales se refleja también en las calles: «La gente está enfadada. A nadie le gusta la violencia, pero los altos niveles de desempleo volverán a desatar la indignación, y eso sería desastroso para el país», señala Hassan Mohsen, taxista de Taiz.

El PNUD espera poder prevenir que la ola de violencia de 2011 vuelva a repetirse, gracias al programa donde participa Tahani. Mientras Tahani ahorra para poder empezar su negocio de costura, la iniciativa ha contribuido a que ella y otras mujeres logren la independencia económica.

«Por primera vez en mi vida, siento que no dependo de mi tía, puesto que ahora puedo colaborar con los gastos diarios de la casa. La formación que he recibido me ha abierto una puerta y me ha cambiado la vida», concluye Tahani.