Tayikistán: la agricultura sostenible ayuda a las familias a salir adelante

Sharipova Nasiba se unió a una cooperativa de mujeres para cultivar en un invernadero y ayudar así a mantener a su familia. (Foto: PNUD Tayikistán)
Sharipova Nasiba se unió a una cooperativa de mujeres para cultivar en un invernadero y ayudar así a mantener a su familia. (Foto: PNUD Tayikistán)

En el Distrito de Gonchi, en Tayikistán, Sharipova Nasiba tiene ahora la responsabilidad de sustentar a su familia. Después de que su marido enfermara y tuviera que dejar de trabajar, Nasiba, madre de dos hijos, se apuntó a un grupo de autoayuda para mujeres para iniciar un pequeño negocio de cultivo en un invernadero.

Aspectos Destacados

  • Desde 2010, el Gobierno de Tayikistán ha trabajado en cooperación con la IPMA para demostrar que un enfoque centrado en la pobreza y el medio ambiente puede reportar beneficios económicos tangibles en las comunidades pobres.
  • Gracias a la contribución de la IPMA, el plan regional de desarrollo de Sughd y otros 14 planes de distrito incluyen ahora objetivos relacionados con la pobreza y el medio ambiente.
  • La IPMA ha apoyado la creación de más de 65 empresas ecológicas.
  • Se han establecido más de diez cooperativas ecológicas, que han empleado a mujeres de la región y generan hasta 3.600 dólares cada seis meses.
  • El costo total del proyecto es de 11.468 dólares, y la comunidad ha aportado más de la mitad de esta cantidad.

El grupo de mujeres recibió formación sobre cómo organizar un negocio y crear un plan de empresa, cómo diseñar y mantener un presupuesto familiar y cómo producir abono casero. El grupo empezó plantando tomates y pimientos en un invernadero, y, al cabo de dos meses, empezó a distribuir plantas de semillero a otros grupos similares, cosa que les permitió tener ingresos.

"El siguiente paso es mejorar la calidad de la tierra y adecuarla para poder sembrar verduras de invernadero", explica Nasiba.

El grupo de Nasiba conforma una de las 65 microempresas ecológicas impulsadas por la Iniciativa sobre pobreza y medio ambiente (IPMA), un esfuerzo conjunto entre el PNUD y el PNUMA para reducir la pobreza en el país y, al mismo tiempo, mejorar los ecosistemas locales.

En Tayikistán, el sustento de dos tercios de las comunidades rurales depende de la agricultura, pero tan solo el 7% de su superficie es fértil. Las prácticas agrícolas insostenibles y el cambio climático han generado un empobrecimiento del suelo, procesos de deforestación y un descenso de la productividad. El uso cada vez más intensivo del escaso suelo fértil supone grandes dificultades para el sustento de las familias de las comunidades rurales.

Tayikistán reconoció la necesidad de incluir la sostenibilidad medioambiental en sus planes nacionales de desarrollo, pero tuvo dificultades a la hora de traducir sus objetivos en progreso tangible. Los presupuestos nacionales y municipales sufrieron las consecuencias de la disminución de ingresos por parte de la población, y apoyar iniciativas medioambientales les pareció poco efectivo.

Así que Tayikistán, en cooperación con la IPMA, se propuso demostrar que un enfoque centrado en la pobreza y el medio ambiente reportaría beneficios económicos. El Gobierno de Tayikistán ha trabajado con el Programa de crecimiento regional en 14 distritos y 65 localidades de la región de Sughd, una zona que acoge el 40% de la producción industrial y el 30% de la producción agrícola del país.

En cooperación con la IPMA, las autoridades locales decidieron analizar qué tipo de iniciativas empresariales podrían mejorar la calidad de vida de la gente pobre y los ecosistemas del país. En el marco de esta iniciativa, las comunidades locales recibieron asesoramiento para identificar qué productos y servicios económicos podrían ofrecer, que posteriormente fueron evaluados por representantes del departamento medioambiental. Hoy, más de 65 empresas ecológicas cuentan con el apoyo de un fondo fiduciario regional que se rige por dos criterios: la sostenibilidad medioambiental y la reducción de la pobreza.

Por primera vez, las mujeres están desempeñando un papel activo en la actividad económica local y han dejado de depender de las inestables remesas que les llegan del extranjero. Hasta la fecha, se han puesto en marcha diez cooperativas como la de Gonchi, que genera puestos de trabajo para mujeres.

Las autoridades locales suministran la distribución de semillas florales, y los servicios comunitarios del distrito aportan el agua. El costo del abono también es muy reducido, ya que las mujeres preparan abono casero para la siguiente temporada. Una granja local renta unos 60.000 m2 adicionales a las cooperativas para el cultivo de uva. Cada invernadero puede generar hasta 3.600 dólares en seis meses, una cantidad que garantiza un sustento estable e independiente para las mujeres.