Las maravillas del aceite de coco en Papua, Indonesia

mujer trabaja con cocos
Una mujer en Papua, Indonesia, trabaja en la extracción de la pulpa de coco. Foto: PNUD Indonesia

La larga extensión de playa de arena negra a las afueras del pueblo de Dabe en Papua, Indonesia, está vacía.Es un día entre semana pero nadie está pescando en las aguas cercanas.

En su lugar, los habitantes están ocupados cortando cientos de cocos y extrayendo “copra”, la carnosa pulpa del interior rica en aceite. Otros utilizan las prensas para triturar el coco y luego extraer el aceite.

Wainin Namantar, un pescador local, se encuentra entre ellos. En años anteriores, los hombres de Dabe pescaban de marzo a octubre mientras que las mujeres recolectaban y cazaban en los bosques de alrededor.

Aspectos destacados

  • Los pobladores producen 400 litros de aceite de coco al mes, lo que les genera un ingreso mensual de IDR 4.8 millones (US $360).
  • Las certificaciones de salud para el producto final fueron adquiridas y ya este se puede encontrar en establecimientos en la capital de Papua.
  • 481 personas producen activamente aceite de coco y lo venden a fábricas.
  • Se instalaron dos fábricas de aceite de coco, que emplean a 18 lugareños.

“Nunca hemos hecho nada con el coco, salvo comerlo”, dice Wainin.

En 2014, docenas de residentes de Dabe fueron capacitados en producción de aceite de coco crudo como parte de un proyecto financiado por el Programa de Asistencia de Nueva Zelanda,  e implementado conjuntamente por el PNUD y el Ministerio de Planificación del Desarrollo. Este proyecto forma parte del Programa de Desarrollo Centrado en las Personas del PNUD, cuyo objetivo es aprovechar la capacidad local existente y las oportunidades económicas para mejorar los medios de vida.

Los habitantes, con edades entre los 20 y 50, aprenden a cortar cocos de forma rápida y eficaz, a triturarlos con presas de aceite y separar el aceite limpio y crudo de la cáscara más gruesa que utilizan para cocinar.

Luego de unos pocos meses de capacitación, los habitantes de Dabe producen 400 litros de aceite al mes, los que genera ingresos de 4,8 millones de rupias indonesias (US$ 360).

“Es un gran cambio desde lo que ha ocurrido en años anteriores”, dice el lugareño Zacharias Namantar.

Wainan y Zacharias se ubican entre las 481 personas de Sarmi que se han beneficiado de este proyecto. El programa se centra en la extracción del aceite de coco, la capacitación en producción de aceite de coco después de la cosecha y la asistencia en fábricas de producción.

La Agencia de Medicamentos y Alimentos les otorgó la certificación sanitaria para el aceite de coco terminado y refinado. Este aceite, llamado PHICO, por sus siglas en inglés, se vende en tiendas en Sarmi y Jayapura, la capital de Papua.

“Queremos centrarnos en la venta de PHICO y aceite de coco virgen para cocinar, y es por esto que la Regencia de Sarmi ha colaborado con nosotros para instalar dos fábricas”, dice Ferdinand Leohansen Simatupang, miembro del Programa de Desarrollo Centrado en las Personas del PNUD. Las dos fábricas dan empleo a 18 habitantes.

El Regente de Sarmi, Mesak Manibor, acordó que la mejor forma de desarrollar la economía local era mediante la instalación de fábricas para producir aceite de coco. Con el tiempo, esperan tener un plan de marketing para vender el producto a través de toda Papua.

Antes de la capacitación, diez cocos producían un litro de aceite que costaba 10.000 rupias indonesias (US$ 0,75). Hoy, una vez vendido a la refinería local, su precio es de 12.000 rupias el litro (US$ 1).

Tras la primera capacitación, más habitantes pidieron al gobierno y al proyecto ser incluidos para beneficiarse de los ingresos que se pudieran generar. Los trabajadores de la fábrica capacitaron formaron a estos pobladores, por lo que la transmisión de habilidades y conocimientos entre la población ha sido todo un éxito.

Sarlotta, residente de Dabe, está agradecida por este trabajo: “Nuestros padres se centraron en educar únicamente a los niños. Las niñas de mi familia dejaron de ir a la escuela cuando tenían 15 años y hemos estado trabajando desde entonces”, dice. “Mi familia necesita el dinero…ahora gano unas 200.000 rupias indonesias (US$ 15) al mes, lo que me permite comprar detergente, sal, combustible, azúcar, comida y arroz”.

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