Las comunidades agrícolas de la India mejoran la fertilidad del suelo y aumentan sus ingresos

Atula, una campesina del noreste de la India, camina entre sus cultivos
Atula, una campesina del noreste de la India, ha sido capaz de producir más cultivos como el jengibre y los guisantes, y aumentar sus ingresos. Foto: Zubeni Lotha/ PNUD India

Atula, una agricultora del estado de Nagaland, en el noreste de la India, que en su momento abandonó la escuela secundaria, es hoy una experta en mejorar los cultivos y la fertilidad de los suelos, dos cuestiones muy útiles, ya que labra la pequeña parcela que ha alquilado a un terrateniente local.

Aspectos destacados

  • Horticultura, plantaciones agroforestales y las medidas de conservación de suelos y aguas han mejorado la cubierta de vegetación en más de 2.000 hectáreas de tierra en las zonas del proyecto.
  • Agricultores de 70 aldeas de la región se han beneficiado de la introducción de nuevas prácticas agrícolas
  • 5.008 hogares participantes del proyecto han aumentado sus ingresos entre un 15% y un 20% como promedio anual.
  • Tasa de erosión del suelo ha disminuido de 50 m / ha por año a 26 m / ha por año.

Por generaciones, la familia de Atula y sus compueblanos han practicado una forma de agricultura de subsistencia, tala y quema que se conoce como jhum. Pero el jhum ya no es sostenible, en vista de la rápida degradación del suelo y las presiones que ejerce la población de la India.

Un programa conjunto entre el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el gobierno de Nagaland enseña a los agricultores de subsistencia nuevos tipos de prácticas de ordenación sostenible de la tierra y ha ayudado a Atula a obtener cultivos más saludables y a ganar un ingreso estable que le permite mantener mejor a sus tres hijos.

Desde el año 2009, el PNUD se ha asociado con el Departamento de Conservación de Suelos y Aguas de Nagaland para llevar estas nuevas técnicas a los agricultores de 70 aldeas en tres distritos de Nagaland, incluidas Atula y sus vecinos.

Tradicionalmente, a los agricultores que practican el jhum, el consejo de su localidad les asigna una pequeña parcela de tierra en una zona boscosa, o bien se la alquilan a un terrateniente. De inmediato, los agricultores talan y queman el bosque y lo explotan durante cerca de dos años para producir lo suficiente para alimentar a sus familias, hasta que el suelo pierde la fertilidad y, entonces, se mudan a la siguiente parcela de tierra.

Hasta hace unos diez años, todo el ciclo de jhum tomaba cerca de 20 años; hoy en día, ante la superpoblación y los constantes efectos del cambio climático sobre la tierra, ese ciclo se ha reducido a apenas siete a nueve años. Hoy por hoy, gracias a la formación que ofrecen el PNUD y el gobierno de Nagaland, los agricultores como Atula están construyendo terraplenes de barro esenciales para las colinas que cultivan, lo que reduce las tasas de erosión y mantiene la fertilidad del suelo por mucho tiempo.

"Pensábamos que tendríamos que abandonar la tierra a los dos años, pero hoy seguimos cultivándola por tercer año", asegura Atula, quien ahora siembra además otros rubros, como jengibre y guisantes, que puede vender en el mercado. Su hogar —junto con los otros 5.008 hogares beneficiarios de este programa— ha logrado un aumento de entre 15 y 20% en los ingresos medios. También ha comenzado a criar cerdos, a alimentarlos con forraje de cultivo reciclado y a utilizar el estiércol a su vez para fertilizar sus cultivos.

"Antes la tierra apenas nos daba lo suficiente para vivir", afirma, y añade "ahora puedo ganar entre 400 y 450 rupias indias (7,20 - 8,20 dólares estadounidenses) a la semana vendiendo verduras en el mercado local".

El proyecto también ha ayudado a las mujeres de la aldea de Atula a revivir las técnicas tradicionales de teñido con añil al adoptar métodos orgánicos para aplicar el tinte. Las mujeres están ahora sembrando añil en las tierras de barbecho, lo que a la vez mejora la fertilidad del suelo y proporciona a las mujeres el colorante que necesitan para reactivar la producción de los chales tradicionales de su tribu, producto por el cual la aldea era ampliamente conocida en el pasado.

El proyecto, el cual mejoró la cubierta vegetal en más de 2.000 hectáreas en zonas de proyecto, se extendió por un año adicional, propiciando la tan necesaria concienciación sobre la importancia del uso sostenible de la tierra ante un futuro que cambia vertiginosamente.

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