Kirguistán: Protección de la privacidad y dignidad de las personas que viven con VIH/SIDA

Manual de Ley nacional sobre SIDA en Kirguistán de 2005
En 2005 hubo un impulso de la nueva ley nacional sobre SIDA, que el PNUD ayudó a desarrollar y que fue aprobada por el Parlamento (Foto: PNUD Kirguistán)

Cuando supo que había adquirido el VIH por el uso de drogas inyectables, Mirlan (nombre ficticio), de 35 años de edad, buscó ayuda en el Centro Regional de Prevención del SIDA en Jalalabad, Kirguistán. Un día, en 2005, algunos periodistas televisivos se presentaron con una solicitud para filmar el trabajo del Centro.

Con la esperanza de llamar la atención de la prensa, el médico en jefe pidió a Mirlan que accediera a tener una entrevista con los periodistas. Él se negó, pero aún así lo mostraron por TV, identificándolo claramente como una persona con VIH. Cuando Mirlan no estaba mirando, el doctor abrió unas cortinas para que los periodistas lo filmaran sin que lo supiera.

A partir de la transmisión televisiva, la vida de Mirlan empeoró drásticamente. Se precipitó el decaimiento que ya había comenzado cuando dejó de tomar los antirretrovirales y perdió su próspero negocio. La gente lo abucheaba en las calles de su pequeño pueblo provincial y se negaban a atenderlo en las tiendas. Los compañeros de sus hijos en la escuela los llamaban “portadores de SIDA.” Su madre murió de un ataque cardíaco a causa del sufrimiento emocional. A pesar de su salud en franco deterioro, Mirlan presentó su caso en el tribunal con ayuda de una clínica de asistencia jurídica apoyada por el PNUD.

Aspectos Destacados

  • La ubicación de Kirguistán, en medio del narcotráfico a través de Asia Central, ha contribuido a impulsar el número de usuarios de drogas inyectables por 50 en las últimas dos décadas, con un total actual de alrededor de 25.000.
  • En el año 2000, el PNUD ayudó a Kirguistán a convertirse en uno de los primeros países de Asia Central en promover los programas piloto de intercambio de jeringas.
  • En 2011, el Fondo Mundial para el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria apotó 31 millones de dóalres a Kirguistán para el acceso universal a los servicios de las personas que viven con VIH.

No viviría lo suficiente para ver el final, pero dejaría un legado: un fallo histórico contra un médico. Por primera vez en Kirguistán, un tribunal defendió los derechos humanos de una persona viviendo con VIH. Esto fue posible porque el Gobierno, asesorado por el PNUD, había adoptado una ley nueva sobre el SIDA para proteger a ciudadanos como Mirlan.

Uniendo las piezas
Kirguistán, un pequeño país con una base económica restringida, ha pasado por una difícil transición desde los días de la dependencia soviética. Los recursos presupuestarios han sido escasos, y los gastos en atención sanitaria han disminuido bruscamente, aun cuando ya estaba surgiendo la nueva amenaza del VIH.

Kirguistán todavía registra una baja prevalencia de VIH, pero el virus se está extendiendo a un ritmo entre los más veloces del mundo. La ubicación del país, en el centro del tráfico de drogas que atraviesa Asia Central, ha ayudado a aumentar en 50 veces la cantidad de usuarios de drogas inyectables en las dos últimas décadas, alcanzando un total que actualmente ronda en los 25.000. La mayoría son hombres y representan las dos terceras partes de los casos de VIH. Aumentos recientes en las cifras de mujeres, niños y niñas con VIH indican que la epidemia está extendiéndose lenta pero inexorablemente entre la población en general.

Detener al VIH requiere de acciones coordinadas en muchos niveles: leyes y programas estatales nuevos, servicios de prevención y cuidados, recursos, alianzas y cambios conductuales. Kirguistán comenzó con pocas de las piezas en su lugar. Pero con la ayuda de socios internacionales, tales como el PNUD, ha comenzado a unirlas todas.

Protección legal
Las iniciativas tempranas sobre VIH se concentraban directamente en llegar a las comunidades más vulnerables al virus, especialmente consumidores de drogas inyectables. En el año 2000, el PNUD ayudó a Kirguistán a convertirse en uno de los primeros países en Asia Central en implementar un programa piloto de intercambio de jeringas. En 2002, fue el primer país de la Comunidad de Estados Independientes que ofreció la terapia sustitutiva con metadona para personas adictas a la heroína y opio.

En 2005 hubo un impulso de la nueva ley nacional sobre SIDA, que el PNUD ayudó a desarrollar y a que fuera aprobada por el Parlamento. Ahora, esta ley se considera una de las mejores en esa área de la región postsoviética. Dispone acceso prioritario a los principales centros de atención primaria y medicinas para las personas que viven con VIH, y estipula penas para los casos de estigmatización y discriminación contra las personas que viven con VIH y SIDA,  como el que presentó Mirlan. Por primera vez, la ley establece una distinción entre la prueba de VIH voluntaria y obligatoria, con el requisito de consentimiento informado escrito en todos los casos excepto cuando medie orden judicial.

De la nueva ley derivaron políticas y normas subsiguientes. El Código Penal y Administrativo despenalizó parcialmente algunas actividades relativas a las drogas sin intención de venta. En 2007, una norma nueva promovió que en lugar de simplemente llevarlas a la cárcel, las personas adictas a las drogas sean enviadas a programas de intercambio de jeringas o terapia con metadona. Esta medida ha ayudado a reducir a casi a la mitad la cantidad de prisioneros en Kirguistán, de 17.000 en 2007 a 9.500 en 2009.

Para apoyar estos cambios, el PNUD ha colaborado con oficiales del gobierno para desarrollar un programa de capacitación en VIH para las fuerzas del orden. Por orden del Ministerio del Interior ahora se requiere que todos los oficiales de policía que trabajan con poblaciones de alto riesgo estén informados sobre temas tales como la importancia vital de los programas de intercambio de jeringas para la protección de poblaciones clave en alto riesgo, y los derechos de las personas que viven con VIH plasmados en la Constitución y otras leyes, así como medidas de protección personal.

La diferencia se nota en las calles. Los oficiales de policía que antes hostigaban a los consumidores de drogas inyectables, ahora los envían a programas que pueden salvar sus vidas.

Mejores planes y servicios
Para cumplir con la Ley sobre SIDA de 2005, al año siguiente de que se aprobara, el Gobierno adoptó un programa nacional relativo al SIDA. El programa sigue los estándares internacionales más altos, tales como implementar acciones en las múltiples esferas que requiere el abordaje del VIH, incluida la salud, justicia, orden público, educación, protección social e información. Dio prioridad a las poblaciones en alto riesgo, tales como consumidores de drogas inyectables y presidiarios. Para ejecutar el programa, el PNUD, en cooperación con otras organizaciones internacionales, asistió en la instauración de un comité nacional para coordinar las actividades de VIH, junto con un sistema unificado de seguimiento a las actividades nacionales y provinciales.

El programa ha ayudado a asegurar que los servicios para el VIH y la reducción del daño, que comprenden prueba e información, así como programas de intercambio de jeringas y de sustitución con metadona– ahora lleguen al 60% de los usuarios de drogas inyectables. Para 2011, el Ministerio de Salud contaba con 30 centros de terapia con metadona. Otros tres programas funcionaban en cárceles. En Bishkek, donde están algunos de los servicios de intercambio de jeringas y terapia con metadona más antiguos, las tasas de infección por VIH entre consumidores es la mitad que el promedio nacional.

En todo Kirguistán, las organizaciones de atención a la salud han introducido consultas sobre la prueba, y la incidencia pública ha hecho llegar el mensaje, en carteles, radio y televisión, que la prueba es un procedimiento médico de rutina importante. Actualmente, alrededor de 350.000 personas se someten a la prueba anualmente.

El programa nacional ha puesto gran énfasis en la participación de la sociedad civil para detener la ola de infecciones de VIH. Bajo el amparo de la Ley sobre SIDA de 2005, se han constituido más grupos de personas que viven con el VIH y, por primera vez en Asia Central, han surgido líderes de la sociedad civil de comunidades marginadas, incluidos ex consumidores de drogas inyectables, trabajadoras sexuales y hombres que tienen relaciones sexuales con hombres.

El PNUD ha trabajado en estrecha colaboración con estos grupos para proporcionar fondos iniciales y desarrollar las habilidades técnicas necesarias para la incidencia, gestión de organizaciones y prestación de servicios, incluidos los vinculados con el sistema de salud pública. Como el VIH amenaza propagarse fuera de los círculos de drogodependientes, algunos grupos no gubernamentales han iniciado los primeros servicios en Kirguistán diseñados para mujeres y niñas que viven con el VIH.

Otras contribuciones esenciales de la sociedad civil provienen de líderes religiosos. Como Kirguistán es un país mayoritariamente musulmán, el PNUD ha involucrado a la Administración Espiritual de Musulmanes de Kirguistán y la Comisión Estatal para Asuntos Religiosos para capacitar a imanes musulmanes para ayudar a romper el silencio, temor y falta de conocimiento que con frecuencia rodea al VIH. En los servicios de culto y otras actividades religiosas, predican sobre el estilo de vida saludable y la necesidad de respetarse unos a otros, independientemente de la condición del VIH.

“Todo lo que hago para detener al VIH es en nombre de Dios. Estoy ayudando a la gente a evitar la desgracia y el dolor”, dice Maksutov Jusupjanajy, el Imam-Hatib principal del Distrito Alai en la provincia de Osh.

La meta es el acceso universal
Hoy en día, Kirguistán ha sentado las bases para detener la epidemia del VIH; pero enfrenta muchos obstáculos para vencer el siguiente desafío: ampliar rápidamente la cobertura y calidad de los servicios de atención y prevención del VIH hasta lograr el acceso universal.

Entre los obstáculos se encuentran la continuada inestabilidad política y económica y el cruce transfronterizo de narcóticos, que permanece incólume. El hecho que las infecciones de VIH aumentan en las pequeñas comunidades rurales que cuentan con poca atención médica puede ser un problema adicional para el sistema de salud ya sobrecargado. Además, para los programas de VIH, Kirguistán depende en gran medida de la financiación externa que ha menguado considerablemente a causa de la crisis económica mundial.

La esperanza la constituye la creciente brigada de funcionarios oficiales y defensores de la sociedad civil, que han adquirido experiencia trabajando en programas de VIH respaldados por el PNUD y otros socios internacionales. El último programa nacional para la prevención del VIH, en proceso de elaboración en 2011, apunta a un menú completo de servicios de protección y prevención en todos los centros de salud, y sus metas incluyen asegurar que el porcentaje de niños y personas adultas con SIDA que reciben tratamiento antirretroviral aumente del 23% actual a más del 80%.

En 2011, el Fondo Mundial contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria acordó entregar a Kirguistán 31 millones de dólares para la meta de acceso universal a los servicios para las personas que viven con el VIH. Se necesitará mucho más que eso para alcanzar esa meta pero, para un país que lucha por detener tan terrible enfermedad, es un avance importante en la dirección correcta.