Micro centrales hidroeléctricas iluminan los hogares de Afganistán

dos niños afganos frente a sus computadoras portátiles
Mohamed Nasim, de once años (derecha) aprende cómo usar la computadora en un aula de Borghaso, provincia de Bamyán (Foto: Joel van Houdt / PNUD)

Mohamed Nasim, un niño de once años que está cursando sexto grado, se despierta todos los días a las 5.30 de la mañana para tomar clases de computación en un aula precaria en la aldea de Borghaso, provincia de Bamyan, al noroeste de Kabul. Una joven maestra observa a Mohamed mientras dibuja una casa en Microsoft Paint, la colorea y escribe su nombre a un lado del dibujo. El dorso de sus manos está seco y agrietado a causa de las bajas temperaturas.

Aspectos Destacados

  • En Bamyan, provincia de Afganistán, el PNUD ha financiado la construcción de 18 micro centrales de energía hidroeléctrica.
  • En la actualidad, las centrales generan 196kw de electricidad, que abastecen 2.163 hogares y benefician a más de 15.000 personas.
  • En 2007, solo el 7% de la población tenía acceso a la electricidad. Desde entonces, esta cifra se incrementó a un 30%, gracias a un aumento en la importación de electricidad y a la construcción de estaciones de paneles solares y micro centrales de energía hidroeléctrica.

A lo lejos, los granjeros cuidan los campos de trigo, preparándose para cosechar y poder enfrentar el duro invierno que se avecina. Se puede observar el brillo de los picos nevados de las montañas en el horizonte.

Nasim es una de las 46 personas (28 niños y 18 adultos) que se están beneficiando con esta clase de computación. El aula recientemente construida fue donada por un anciano local. Pero en la provincia de Bamyan, donde no se cuenta con una red de energía eléctrica, este tipo de iniciativas es posible especialmente gracias al uso de micro-centrales hidroeléctricas.

Afganistán posee una de las tasas de consumo de electricidad per cápita más baja del mundo. No obstante, aunque la importación de electricidad ha aumentado, y ya alcanza a más de la mitad del país, aún no llega a la provincia de Bamyan.

Por estos motivos, el PNUD ha financiado la construcción de dieciocho micro centrales de energía hidroeléctrica en la provincia de Bamyan, con un presupuesto de 997.000 dólares amerricanos, generosamente aportados, en parte, por los gobiernos de Dinamarca, Japón, los Países Bajos y Noruega, así como por la Unión Europea.

La implementación de estas centrales ha generado notables beneficios: una mejor calidad de vida para las personas, facilitándoles el acceso a la electricidad; nuevos puestos de trabajo para los habitantes; una mejora en las relaciones con el gobierno de Afganistán; y la creación de fuentes de energía ecológica y sostenible. En un país donde muchas personas dependen del queroseno, la leña y el estiércol para poder calentar e iluminar las viviendas, las nuevas centrales ofrecen una alternativa limpia y saludable, y permiten eliminar el humo de los hogares. De acuerdo con el Banco Mundial, casi dos millones de personas mueren prematuramente a causa de enfermedades provocadas por la contaminación del aire en los hogares, debido al uso doméstico de combustibles sólidos.

En Borghaso, por ejemplo, al shura local (asamblea tradicional formada por los ancianos de las tribus y los líderes religiosos) le llevó ocho meses construir la central de energía, con un costo final de 62.064 dólares. Cerca de 160 familias, es decir, unas 1.120 personas, se ven beneficiadas gracias a los 12,7 kw de electricidad que genera esta central. Dado que los shuras administran los proyectos, la propiedad local se preserva, lo que constituye el primer paso para garantizar la utilidad de las centrales y, por lo tanto, su mantenimiento por parte de las comunidades que las construyeron.

Los shuras no sólo supervisan y coordinan la construcción, también establecen un sistema de tarifas cuando las centrales comienzan a operar, lo que permite recuperar la inversión inicial. En Borghaso, el shura cobra una tarifa mensual de electricidad de 0,90 dólares por bombilla y de 1,70 dólares por televisor. El tesorero del shura es el encargado de recaudar este dinero. Los dos electricistas a cargo de la central, que recibieron capacitación en un taller de quince días organizado por el PNUD en la capital de la provincia, reciben un salario mensual del shura, a partir del dinero recaudado. El resto del dinero de las tarifas se ahorra para reparar las centrales, en caso de que presenten algún desperfecto en el futuro.

Durante la noche, la electricidad es un reemplazo económico de las lámparas de aceite y de los hornos a leña, que generaban mucho humo. De esta forma, se reducen los costos de iluminación en un 90%, así como la contaminación doméstica. Durante el resto del día, las personas que reciben suministro de las centrales de energía buscan nuevas maneras de utilizar la electricidad. La clase de computación en Borghaso es un ejemplo, aunque la elevada tarifa mensual de 10 dólares por alumno no permite que se inscriban muchos estudiantes en esta aldea de bajos recursos.

“Actualmente, el mundo gira en torno al conocimiento y a la tecnología. Sabemos que la tarifa es un poco alta, pero los padres estamos dispuestos a pagarla porque si nuestros hijos no cuentan con estas aptitudes, no podrán competir en el mercado laboral", explica Mohamed Hakim, líder del shura de Borghaso. Su hija, una niña de segundo grado, asiste a la clase de computación.

Informe Anual 2013-2014
"Nuevas alianzas para el desarrollo"

Este informe describe cómo el PNUD obtiene resultados de alto impacto como aliado para el desarrollo, innovador y líder intelectual en todo el mundo.

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