Pequeños agricultores en Egipto adoptan un espíritu empresarial

Pequeños agricultores del Alto Egipto y beneficiarios del programa conjunto de las Naciones Unidas verifican sus productos. Foto: PNUD/Egipto
Pequeños agricultores del Alto Egipto y beneficiarios del programa conjunto de las Naciones Unidas verifican sus productos. Foto: PNUD/Egipto

Cuando la primavera árabe sopló sobre Egipto a principios de 2011, muchos pronosticaron caos y huida, más paro y una economía hundida en la incertidumbre. Pero Mohamed Embarak, un agricultor del sur del país, sólo vio oportunidades y junto a cuatro socios, invirtió los ahorros de su vida para abrir el primer “agro-negocios” del Alto Egipto propiedad de pequeños agricultores.

“Muchos creen que esta época de agitación es sinónimo de inestabilidad. Para mí es el mejor momento para cimentar nuevas prácticas con altos niveles y cultura laboral”, comenta Embarak. Aconsejados por un grupo de agrónomos y expertos de un programa financiado por el F-ODM, su empresa “Goodies” ayuda a otros pequeños granjeros a aumentar la calidad de sus productos y abrirse nuevos mercados.

“Para cuando el país se haya estabilizado, Goodies estará preparada para trabajar al mismo nivel que los grandes productores que no quisieron involucrarse en esta región, quizá porque no conocen la cultura o la gente. Pero nosotros sí, y esa es una ventaja que nos hace únicos”, asegura este granjero.

Aspectos Destacados

  • El programa SALASEL, en Egipto, está ayudando a cientos de agricultores a convertirse en empresarios para mejorar sus medios de vida.
  • Los agricultores se benefician de orientación estratégica para que sus planes de producción se ajusten con la demanda existente.
  • Agricultores capacitados por el programa comenzaron sus propias empresas y firmaron un acuerdo para suministrar un importante procesador de alimentos con un beneficio bruto de 150.000 dólares.

Embarak y sus socios son algunos de los cientos de granjeros que han recibido apoyo de un programa conjunto de la ONU que busca alentar el espíritu emprendedor y mejorar la vida de los agricultores del Alto Egipto, una zona que concentra solo una cuarta parte de la población del país pero en la que dos terceras partes viven en la extrema pobreza.

El programa “Cadenas de valor hortícolas en beneficio de los pobres en el Alto Egipto” (SALASEL) busca promover asociaciones equitativas viables entre pequeños granjeros e inversores privados en cadenas de valor eficientes, aumentando su productividad y rentabilidad, reduciendo las pérdidas tras la cosecha y mejorando su posición para exportar y continuar en el mercado nacional.

“Para sacar a los granjeros de la pobreza necesitamos desesperadamente romper la larga cadena de intermediarios que se han ido comiendo los beneficios de los pequeños agricultores. Tenemos que darles acceso directo a los grandes mercados”, insiste Embarak.

El programa SALASEL ofrece guías estratégicas a los granjeros para combinar sus planes de producción con la demanda existente, una técnica conocida como “contratos de cultivo”. “Goodies” planea suministrar semillas, pesticidas y fertilizantes para ayudar en los comienzos, así como técnicas para promocionar sus productos que garanticen precios justos por su arduo trabajo.

“Relacionar actividades de marketing con entrenamientos técnicos es muy efectivo. Los granjeros son muy trabajadores pero muchos siguen usando técnicas de cultivo tradicionales. Lo que les enseñamos ayuda a aumentar los beneficios, un incentivo para que adopten técnicas más avanzadas”, comenta Hany Nashed, un oficial del programa conjunto en Luxor.

El programa conjunto, una colaboración entre el Gobierno y cuatro agencias de la ONU, también apoya un centro de procesado en la gubernatura de Qena, una de las seis donde tiene su radio de acción. Aunque Egipto es el quinto mayor productor de tomates del mundo, sus exportaciones han caído más de un 90% en los 15 últimos años debido sobre todo a las pérdidas que se ocasionan tras la cosecha.

Durante los cursos de capacitación aprenden nuevas técnicas de conservación y empaquetado y formas de minimizar los costes de producción. “Ahora lucho contra las plagas a bajos costes. Antes compraba los pesticidas más caros pensando que eran los más eficaces pero estaba equivocado”, asegura Hajj Aly, un granjero de 70 años que participó recientemente en los cursos.

El programa, que también aspira a fortalecer el papel de las mujeres en los procesos de producción, forma parte del trabajo que está haciendo el F-ODM para mejorar la vida de las poblaciones más desaventajadas del planeta y ayudar a países como Egipto a alcanzar los Objetivos del Milenio contra la pobreza.

“Gracias a los vientos de cambio de la revolución del 25 de enero, la bola de nieve rueda incluso más rápido de lo que pensábamos”, asegura Wael Rafea, responsable de SALASEL. “Un modelo exitoso puede inducir a más cambios y tenemos una comunidad activa y entusiasta. Un modelo de negocio que está evolucionando y que tendrá un impacto mayor de lo que imaginamos”, añade.

Embarak espera que con el tiempo el resultado sean más negocios y oportunidades en el Alto Egipto y de paso un futuro mejor para sus tres hijos. “Para mí esta empresa es más que una inversión. Significa sembrar esperanza para mi familia, para mis amigos y para la comunidad de pequeños agricultores en el Alto Egipto”.