En Camboya, el agua corriente ofrece a los aldeanos un nuevo comienzo

Aldeanos instalan sistema de tuberías
Los aldeanos instalan un sistema de tuberías para canalizar agua de la casacada de Chambok hacia los pueblos cercanos. Foto: Mlup Baitong/PNUD Camboya

Prácticamente no hay espacio libre en el patio trasero de Kri Ven. Después de que su hogar camboyano fuera conectado a un sistema de agua corriente, sus 300 metros cuadrados de tierra albergan ahora hileras e hileras de plantas como la col, el rábano y la caña de azúcar.

“Estoy muy feliz de tener mi propia granja, donde cultivo hortalizas para ganarme la vida”, afirma Kri Ven, de 28 años de edad, del municipio de Chambok.

Aspectos destacados

  • 80% de la población de Camboya vive en áreas rurales, vulnerables a las inundaciones, sequías y otros desastres relacionados con el clima.
  • El sistema de canalizaciones de agua en Chambok es uno de los 45 proyectos de ayuda a 150 comunidades rurales en zonas de riesgo de aumentar la adaptación ante los efectos del cambio climático.
  • Al final de los 4 años del proyecto financiado por el Organismo Sueco de Cooperación para el Desarrollo Internacional (SIDA), alrededor de 100 000 sistemas de irrigación estarán instalados, potenciando así los medios de subsistencia y aumentando la seguridad alimentaria.

En este municipio, a unos 120 kilómetros al oeste de la capital, Phnom Penh, los días de escasez de agua son cosa del pasado. El sistema de agua corriente, que antes sólo suministraba a los habitantes de la ciudad, por fin ha llegado a las viviendas rurales de unas 600 familias. Y gracias a este nuevo servicio, los aldeanos no dudan en transformar sus patios en cultivos de hortalizas para su propio uso y para la venta, y obtener así ingresos adicionales.

El sistema de tuberías forma parte del proyecto de ayuda a las comunidades rurales de Camboya para su adaptación al cambio climático. El proyecto está financiado por el Organismo Sueco de Cooperación para el Desarrollo Internacional (SIDA, por sus siglas en inglés) y ejecutado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a través de su Programa de Pequeñas Donaciones.

El municipio de Chambok es conocido por una cascada natural que constituye una atracción turística. Sin embargo, esa misma agua estaba hasta ahora fuera del alcance de sus habitantes, que no podían permitirse el lujo de tener un sistema de agua corriente para canalizar el agua hacia sus hogares. En la estación seca, el agua potable era un bien escaso, y los aldeanos pasaban un promedio de dos horas al día yendo a buscar agua de arroyos o pozos. Algunos tenían que pagar 2.500 rieles (0,65 dólares) por un depósito de 200 litros que duraba un solo día. El precio puede parecer insignificante, pero para muchos campesinos pobres es oneroso.

“Eran indescriptibles las dificultades para conseguir agua, antes”, afirma Ros Heng, una madre de 29 años de edad y tres hijos. “Mi esposo no tenía tiempo libre porque tenía que sacar agua del pozo para cocinar, beber y lavarse. “

En noviembre de 2012, se completaron los trabajos de creación de una red de tuberías de 20 kilómetros para desviar el agua de la cascada. Cada una de las 600 familias del municipio está ahora conectada al sistema principal a través de tuberías más pequeñas. Un hogar que utilice una válvula de entrada paga una cuota por este servicio público de 0,12 dólares mensuales. Los que tienen múltiples grifos pagan más, y estas cantidades las recoge un comité local para cubrir el mantenimiento del sistema de tuberías.

Aprovechando los resultados positivos de un trabajo similar realizado en 2007, financiado inicialmente por el PNUD, el nuevo sistema de agua corriente suministra a los aldeanos agua todo el año, lo que les permite cultivar plantas y hortalizas y con ello mejorar sus medios de vida y su capacidad de recuperación frente a los impactos del cambio climático.

Ayudar a reducir la dependencia de los aldeanos respecto del agua de lluvia para la agricultura es también un objetivo de este sistema, un componente del Programa de Adaptación de Base Comunitaria, financiado por SIDA.

Nuon Sareun, de 47 años, recuerda cómo se vio obligada a abandonar su huerto hace varios años simplemente debido a la escasez de agua. Pero desde noviembre pasado, ha estado ocupada cultivando enredaderas y diferentes tipos de mostaza en su huerto de 180 metros cuadrados.