Combustibles de biomasa aportan independencia energética y empleo a la República de Moldova

Un operario usando un nuevo sistema de calefacción de biomasa
Una guardería en el distrito Hacesti de la República de Moldova usa un nuevo sistema de calefacción de biomasa, operado por un hombre cuyo trabajo fue creado gracias al sistema. (Foto: PNUD Moldova)

La guardería del pueblo de Ermoclia ha declarado la independencia –es decir, independencia energética. En lugar de luchar para mantener a los estudiantes calientes con el carísimo gas importado, esta guardería se calienta ahora con combustibles de biomasa producidos localmente.

Aspectos Destacados

  • Casi 120 aldeas de 26 distritos han comenzado la conversión a combustibles de biomasa, que benefician a más de 75.000 personas.
  • El costo de calentar la guardería de Ermoclia se ha reducido a la mitad gracias a este proyecto.
  • Iniciada en 2011, la iniciativa está diseñada para ayudar a 130 instituciones públicas, incluidas escuelas y centros de salud, a usar calefacción mediante combustibles de biomasa.
  • Se han creado asimismo más de 200 puestos de trabajo como resultado de estos nuevos sistemas de calefacción por biomasa.
  • Para 2020, el gobierno de la República de Moldova se ha comprometido a aumentar la cuota de energías renovables hasta un 20% del consumo nacional.

Es bueno para los niños y también para el medio ambiente. Y el costo de calentar la escuela se ha reducido a la mitad.

"Es agradable venir a la guardería", dice Mihaita, un sonriente niño de 4 años de edad. “Está más caliente que en casa. Les diré a mi papá y a mi mamá que calienten nuestra casa de la misma forma."

Esta escuela de Ermoclia fue la primera institución pública en la República de Moldova que se calienta con energía de biomasa a través de un proyecto del PNUD que persigue incrementar su uso.

"[Estamos al] comienzo del uso a gran escala de los combustibles de biomasa", afirma el Vice Primer Ministro y Ministro de Economía Valeriu Lazar.

"Además de reducir el consumo de fuentes de energía importadas, estamos introduciendo los residuos agrícolas en el ciclo económico", explica. "Ya no se percibirán más como residuo, sino como una nueva oportunidad de negocio y una fuente de ingresos."

Reducción de la dependencia energética
Durante años, la República de Moldova luchó contra la carga de tener que importar el 95% de su combustible. Cuando el gas estaba barato, las políticas nacionales promovían su uso, incluso conectando casi todas las comunidades rurales a las líneas de gas. A continuación, los precios comenzaron a elevarse y en los últimos seis años se dispararon seis veces.

El gobierno respondió con el compromiso de aumentar la cuota de energías renovables del consumo nacional hasta un 20% en 2020. (El país forma parte de la iniciativa "Energía sostenible para todos")

Mucha de esta energía proviene de combustibles de biomasa generados a partir de residuos agrícolas fácilmente disponibles –como la paja, los tallos de maíz y el aserrín. La biomasa tiene la ventaja adicional de ser un tipo de carbono neutral, por lo que no contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero.

Con el apoyo de la Unión Europea, y en colaboración con las autoridades nacionales, el PNUD lanzó el proyecto Energía y Biomasa (“Moldova Energy and Biomass”), el más ambicioso intento de este país para promover el uso de energías renovables.

Iniciada en 2011, la iniciativa está diseñada para ayudar a 130 instituciones públicas, como escuelas y centros de salud, a implementar sistemas de calefacción mediante combustibles de biomasa, todo ello en cumplimiento con los estándares de emisiones de la Unión Europea.

Ya casi 120 aldeas de 26 distritos han comenzado la conversión, que beneficia a más de 75.000 personas –como los niños de Ermoclia. Se han creado asimismo más de 200 puestos de trabajo como resultado de estos nuevos sistemas de calefacción por biomasa.

Nuevas formas, nuevos negocios
Además de fomentar el suministro de energía más limpia, más accesible y más segura, el proyecto tiene otro objetivo: crear nuevas empresas y crear empleos.

En Carbalia, un pequeño pueblo de 500 habitantes, el centro comunitario local no tenía calefacción durante el invierno hasta que instalaron un sistema de biomasa. Un empresario local vio entonces una oportunidad de inversión para producir briquetas.

Al principio, Igor Chirilenco no estaba seguro de que esa empresa sería viable, ya que la calefacción de biomasa es muy nueva en el país. Pero una vez que los sistemas se instalaron tanto en el centro comunitario como el jardín de infantes de la localidad, este empresario pidió ayuda al PNUD.

Aprendió a desarrollar un plan de negocios y a calcular cuando podría recuperar sus inversiones, y asimismo adquirió las habilidades técnicas necesarias para transformar los residuos vegetales en combustible utilizable.

En 2012, el Gobierno creó el Fondo de Eficiencia Energético para financiar proyectos comunitarios sobre eficiencia energética y energías renovables.