Nepal: Nuevo comienzo para excombatientes

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Shobha Raymajhi vendiendo especias a clientes en un mercado. (Foto: Manish Gautam/PNUD Nepal)

Shobha Raymajhi es una amable comerciante de especias en las afueras de Katmandú, la capital de Nepal. Sin embargo, antes de ser propietaria de un puesto de venta en el mercado local, esta sonriente madre tenía una vida bastante menos agradable. Hace menos de diez años, Shobha manejaba un arma y formaba parte del Ejército Popular de Liberación, de tendencia maoísta, uno de los grupos en la lucha civil que asoló al país durante una década.  

Aunque ahora dirige un negocio y le va bien, pasar de combatiente a empresaria desde el fin del conflicto en 2006 no fue un proceso rápido ni fácil para Shobha.

Cuando tenía 13 años se fue de casa para unirse a los maoístas y recién cumplidos los 19 se produjo el acuerdo de paz que puso fin oficialmente a las hostilidades.  

El Ejército Popular de Liberación no se disolvió hasta 2011 y algunos antiguos miembros se han integrado en el Ejército de Nepal. Sin embargo, no se les ofreció esta opción ni a Shobha ni a otros excombatientes que se unieron a la lucha cuando todavía eran menores de edad. Y a pesar de resultar herida en combate, la edad con la que se alistó también supuso un obstáculo a la hora de recibir asistencia oficial para reintegrarse en la comunidad.

Aspectos Destacados

  • Programa de Rehabilitación Interagencial de la ONU: Alianza entre PNUD, UNICEF, UNFPA y OIT para rehabilitar a excombatientes en Nepal y ofrecerles un modelo viable de reintegración en la sociedad;
  • La labor del PNUD contribuyó a que 2.234 excombatientes volvieran a la vida civil;
  • Cerca del 40 por ciento de los participantes fueron mujeres, las cuales recibieron una ayuda especial en forma de centros de cuidado infantil (guarderías), subsidios y alimentos infantiles, además de asesoramiento laboral especializado y terapia psicosocial.

“Me dieron 6.000 rupias (US $61), un par de zapatos y me despidieron”, dice.

Después de años de lucha, volver a su pueblo no fue fácil. Todavía hay gente en la comunidad Raymajhi que tiene dificultades para aceptarla.

“La gente ponía en duda mi carácter y decía que nadie iba a querer casarse conmigo”, explica. “Mi madre se ponía a llorar cada vez que escuchaba lo que decían los vecinos”.

Actualmente, siete años después de la firma del Acuerdo Integral de Paz que cerró la guerra civil de Nepal, no es infrecuente escuchar historias como la de Shobha entre antiguos combatientes. Las emociones siguen todavía a flor de piel después de un conflicto en el que murieron alrededor de 15.000 personas en combate y que generó hasta 150.000 desplazados . Por ello, las comunidades todavía pueden tener reticencias para aceptar la palabra de exguerrilleros cuando expresan su compromiso con la paz. La mayoría de los retornados rechazan volver a las armas pero a muchos todavía les cuesta encontrar trabajo.

El PNUD lleva trabajando desde 2010 en colaboración con otras agencias de la ONU en Nepal para cambiar la situación de miles de antiguos combatientes en el país. Los problemas para encontrar un trabajo decente o el hecho de retornar a una vida de desempleo y pobreza puede generar desafección entre los exguerrilleros, y esto podría suponer una problema para la estabilidad y la paz a largo plazo, dice el PNUD.  

“El proceso de paz en Nepal depende de que los excombatientes puedan disfrutar de vidas productivas y plenas”, afirma Abdul Hameed Omar, del PNUD. “La participación activa en la sociedad reforzará su transición a la vida civil y contribuirá a la consolidación de la paz”.

El PNUD ha venido enfocando su labor en antiguos combatientes –muchos de ellos menores de edad cuando se unieron a la lucha– y ayudándoles a poner en marcha negocios mediante la concesión de pequeños subsidios a quienes finalizan una serie de programas de formación en materias tan diversas como la educación o la gestión de empresas. La ayuda ofrece a los excombatientes las habilidades y conocimientos que necesitan para abrir un negocio o encontrar empleo.

A la conclusión del programa, que ha tenido lugar este año, más de 2.200 antiguos combatientes habían aprendido un oficio, recibido formación en salud y educación, o aprovechado otras oportunidades de educación formal o informal con la ayuda del PNUD. Muchos de quienes concluyeron el programa en 2010 han encontrado trabajo o abierto su propio negocio.

Shobha dice que el programa le cambió significativamente la vida. Con el apoyo de su padre, ella y su esposo compraron una tienda cerca de su casa, y el PNUD concedió a la pareja US $975 para abastecer la tienda. Shobha dice que el negocio marcha bien y ahora gana lo suficiente como para enviar a su hijo a la escuela.

“No quiero recordar el pasado. He pasado página”, dice. “Todo lo que quiero ahora es darle a mi hijo una educación y asegurarme de que no pasa por los mismos problemas que pasé yo”.