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La vida cotidiana vuelve a la normalidad en Georgia

mujer joven trabajando con su máquina de coser
Una joven recibe formación, parte de un programa apoyado por el PNUD. Foto: PNUD en Georgia

Nana Tskharozia es maestra de escuela en la localidad de Chuburkhinji, en la región georgiana de Abjazia. Debido al estado de deterioro del edificio en que se aloja la escuela, no siempre fue fácil mantenerla limpia y ordenada. Pero este año, la Escuela de Chuburkhinji recibe a los estudiantes con paredes recién pintadas, un nuevo techo y aulas renovadas.

Aspectos Destacados

  • Los conflictos armados, la inestabilidad social y las turbulencias económicas de los últimos 20 años han dejado a la región de Abjazia con unas infraestructuras derruidas y una pobreza creciente.
  • El PNUD proporciona asistencia para cubrir necesidades básicas, como las infraestructuras esenciales, servicios médicos, acceso al agua y saneamiento.
  • Con fondos provenientes de la Unión Europea, USAID, la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo y el Gobierno de Rumanía, el PNUD trabaja directamente con las personas para ayudarles a resolver sus necesidades.

“Nuestra escuela es muy vieja. Hacíamos todo lo que estaba en nuestras manos para que se viera acogedora, y los padres y niños nos ayudaban. Pero de todos modos no bastaba para que las aulas fueran realmente cómodas”, dice Nana. “Ahora tenemos un nuevo edificio. Se ve precioso y resplandeciente. En Septiembre los estudiantes se encontrarán con una escuela renovada”.

Nana asistió hace poco a un curso de formación para emprendedores y ahora utiliza lo que aprendió allá para abrir un taller de costura y confección en la escuela.

“Es sólo el comienzo pero tenemos esperanza de que genere réditos pronto. Tenemos muchos estudiantes que quieren aprender a confeccionar ropa. Daremos clase de costura y sastrería y también haremos algunas cosas para la venta”, añade.

La Escuela de Chubukhinji es sólo uno de los muchos lugares de Abjazia a los que llega la ayuda del PNUD.

Los conflictos armados, la inestabilidad social y las turbulencias económicas de los últimos 20 años han dejado a la región con unas infraestructuras derruidas y una pobreza creciente.

Con fondos provenientes de la Unión Europea, USAID, la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo y el Gobierno de Rumanía, el PNUD trabaja directamente con las personas para ayudarles a resolver sus necesidades más acuciantes y reconstruir las vidas trastornadas por las crisis.

El PNUD proporciona asistencia para cubrir necesidades básicas, como las infraestructuras esenciales, servicios médicos, acceso al agua y saneamiento. También ayuda a las personas a  reforzar su autonomía, poner en marcha nuevas empresas y mejorar sus perspectivas laborales.

“Infraestructuras, atención médica y educación: ésta es la base del desarrollo, precondiciones esenciales para que las personas avancen”, dice Inita Paulovica, Representante Residente Adjunta del PNUD.

La atención médica es uno de los retos a abordar en Abjazia. Las clínicas rurales no tienen instalaciones ni personal adecuados y la gente apenas cuenta con información ni servicios.

El PNUD ayudó a renovar y equipar salas de maternidad en hospitales de Gali y Gagra, y a establecer varios laboratorios itinerantes capaces de desplazarse adonde sea necesario para ofrecer la posibilidad de hacerse las pruebas de HIV/SIDA, hepatitis y otras enfermedades de transmisión. Más de 4.200 personas en toda la región han utilizado los servicios durante este año.

 “Las personas que viven en zonas afectadas por las crisis necesitan tener mejores oportunidades en la vida. Es preciso que les den la posibilidad de tomar sus propias decisiones y poder empezar de nuevo”, dice Inita Paulovica.

La labor integral que realiza el PNUD en Abjazia llega hasta miles de pueblos y aldeas en múltiples formas: desde la generación de mejores oportunidades educativas y de acceso a la salud hasta la reparación de infraestructuras básicas, o la ayuda a personas y comunidades para que reciban la formación y capacitación necesarias para mejorar sus medios de vida.

El PNUD sigue siendo un socio importante en muchas áreas, muchas veces silencioso y anónimo, pero siempre fiable y bienvenido por las personas necesitadas.

Una vida cotidiana normalizada ayuda a superar el impacto de las crisis. Todavía se ven las marcas dejadas por la guerra pero la gente de la calle ahora puede afrontar los problemas del día a día mirando con esperanza al futuro. Un futuro prometedor y con oportunidades para Temur Arshba, Nana Tskharozia y muchos otros habitantes de los pequeños pueblos y aldeas.