La luz llega a las aldeas de Afganistán

grupo de hombres al pie de una montaña
Aldeanos trabajan en Hindu Kush construyendo acueductos que alimentarán la futura central micro hidroeléctrica. La planta proveerá electricidad a todas las familias de la aldea en la base de la montaña. Foto: PNUD/NABDP

Por la noche, aparte de la ocasional luz parpadeante de un farol a kerosene, la aldea de Amir Hussain quedaba sumida en la oscuridad. Hasta hace poco, las 150 familias que viven en Sarasyab Shekhani, en Samangan, la remota provincia de las montañas del norte de Afganistán, no tenían acceso a la electricidad.

Aspectos Destacados

  • Desde 2002, el PNUD viene apoyando el Programa Nacional de Desarrollo de las Áreas, y ha implementado más de 3.300 proyectos como este plan de energía hidroeléctrica en Afganistán, con un presupuesto de más de 520 millones de dólares
  • A octubre de 2013, se han construido 127 micro plantas hidroeléctricas que benefician a casi 150.000 personas
  • Se están planeando, para 2014, 52 nuevos micro proyectos hidroeléctricos

"Mis hijos no podían ir a la escuela porque debían ayudarme a ganar dinero para comprar kerosene", cuenta Hussain, agricultor local. "Deseaba que mi país alcanzase la paz de modo de poder progresar y de que nuestros hijos pudiesen ir a la escuela. Me los imaginaba estudiando por las noches gracias a la electricidad."

El acceso a la electricidad es un problema en el país, donde sólo el 33% de las familias rurales tienen un acceso ocasional y poco fiable a la energía eléctrica. En las remotas áreas rurales como la aldea de Sarasyab Shekhani  – que está en la zona norte de la cadena montañosa Hindu Kush – sólo el 8 por ciento de las familias pueden alardear de tener electricidad. La mayoría de los habitantes queman kerosene – que es caro, leña – que es escasa y que sacan generalmente de los bosques locales, o estiércol para tener calor y luz.

Con el objetivo de atender esas necesidades, el PNUD y el Gobierno afgano están financiando la construcción de micro plantas hidroeléctricas en esas áreas remotas. Las micro plantas hidroeléctricas dependen del flujo natural del agua más que de grandes represas, y de este modo el cauce de los ríos se ve menos interrumpido que con grandes proyectos generadores de energía. En Afganistán, estas pequeñas plantas energéticas, respetuosas del medio ambiente y sostenibles, producen por lo general unos ocho kilowatts, que es suficiente para dar a las aldeas luz para las casas y energía para hacer funcionar algunos pequeños negocios como los molinos.

El proyecto capacita a los operadores a quienes se les da luego la responsabilidad del funcionamiento y mantenimiento de las plantas. Las familias pagan una pequeña cuota mensual para usar la electricidad, que es menos de lo que pagan por el kerosene u otras fuentes de energía; ese dinero se destina al mantenimiento de las plantas.

En otra aldea, llamada Haji Said Ahmad Tajik Ha, una de las plantas energéticas que contó con el apoyo del PNUD no sólo genera electricidad sino que también bombea el agua de los pozos a un tanque elevado. De este modo las casas tienen agua corriente y las mujeres y las niñas, que por lo general son las que se encargan de traer el agua de fuentes lejanas, tienen más tiempo para dedicar a su educación y a generar ingresos.

"Las micro plantas hidroeléctricas no sólo dan electricidad y agua; también ayudan a los niños a proseguir su educación y dan a los trabajadores no capacitados un empleo, capacitación y experiencia para construir dicho tipo de planta", dice Daud Rahimi, Encargado del Programa. "Con este proyecto y otros similares se han creado más de cinco millones de días de trabajo para los habitantes de las comunidades rurales, lo que ayuda a desarrollar la economía local."

El acceso a la electricidad ha cambiado la vida de muchos afganos que viven en las áreas rurales. Para Hussain, que no tiene ningún oficio, era difícil encontrar trabajo, pero ahora aprendió a vaciar hormigón y a construir con piedra en el proceso de la construcción de la pequeña planta energética para su aldea. Fátima, esposa de Hussain, también duplicó sus entradas como costurera ya que la electricidad ahora le permite mantener su negocio abierto más tiempo; además de ganar alrededor de 2.000 afganis (US$ 40) por mes de su negocio, también da clases de lectura y escritura a las mujeres por las noches.

Al caer la noche, la aldea de Hussain ya no queda sumida en la oscuridad. En su casa, sus nueve hijos se sientan al lado de la lámpara para hacer sus deberes. "Lo mejor fue liberarme del kerosene y hacer que mis hijos asistan regularmente a la escuela", dice Hussain. "Dos de mis hijas ahora son primera y tercera de sus clases."

Informe Anual 2013
"En Apoyo del Progreso Global"

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