Ayudando a las personas mayores de Bulgaria

Un grupo de mujeres mayores en Bulgaria

“No se la lleven”, insistió Emiliana, una asistenta social búlgara que estaba cuidando a una anciana de 87 años en la localidad de Pravetz. Le preparaba la comida, limpiaba la casa, hacía la compra y la acompañaba desde que la anciana perdió a dos de sus tres hijos y tuvo que vivir sola aquejada de artritis y diabetes.  

Hasta hace poco, las instituciones especializadas eran el destino de muchos ancianos del país y de las personas que no podían valerse por sí mismas. Sin embargo, la mayoría de gobiernos locales carecían de los recursos económicos y la experiencia necesaria que pudieran garantizar si quiera un nivel mínimo de atención.

Destacado

  • A finales de 2003, se contrataron 263 desempleados mayores de 50 años como asistentes sociales y fueron asignados a 625 personas que necesitaban atención.
  • En la actualidad, 7.346 personas de grupos vulnerables tienen acceso a atención comunitaria ofrecida por 3.304 asistentes sociales.
  • Puesto en marcha en 2002 en 4 poblaciones piloto, el modelo de servicios sociales basado en la comunidad se aplica ahora en las 264 municipalidades de Bulgaria.

En 2002, el Ministerio de Trabajo y Políticas Sociales de Bulgaria presentó al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) una solución basada en la comunidad que abordaría la falta de servicios sociales y el elevado desempleo  que afectaba al país.

Más de 3.000 personas como Emiliana, desempleadas y en un grupo de edad vulnerable (mayores de 50 años), recibieron instrucción como asistentes sociales. Aprendieron primeros auxilios, técnicas de apoyo emocional y las particularidades del cuidado de ancianos, personas enfermas o niños con discapacidad. Estos inesperados asistentes sociales aprendieron a prestar servicios a personas marginadas en sus propios hogares.  

Emiliana reconoce que, al principio, convertirse en asistente social era la única vía de escape viable del desempleo. Pero a medida que fue obteniendo experiencia laboral práctica y formación en trabajo social, llegó a entender la importancia de ayudar a su comunidad y adoptó plenamente el espíritu de su profesión. 

El trabajo de asistente social fue reconocido como profesión oficial en 2006, hecho que animó a Emiliana y a sus colegas a considerarse profesionales, lo que contribuyó a asegurar la asistencia a largo plazo para los habitantes de su comunidad. 

Después de su puesta en marcha, el proyecto fue ampliado progresivamente para cubrir más poblaciones y llegar a más personas marginadas. En 2009, 7.346 personas de grupos vulnerables tenían acceso a asistencia a nivel comunitario. El Ministerio de Trabajo y Políticas Sociales está actualmente aplicando el modelo en las 264 municipalidades de Bulgaria. 

Dotada de notables habilidades productivas y con la confianza de que puede ayudar a mejorar su comunidad, Emiliana mira con optimismo al futuro: “La gente me acepta, confían en mí y me siento feliz”.