Es tiempo de escuchar a los pobres | William Pleitez

12 mar 2015

Pescador en El Salvador Escuchar a los pobres en El Salvador es darle prioridad al trabajo decente, educación, salud, seguridad alimentaria y ciudadana, vivienda digna y posibilidad de divertirse. Foto: PNUD El Salvador

Escuchar a los pobres ha sido valorado como un signo de sabiduría de las naciones. “Hay que ver las cosas desde la posición ventajosa de la gente” , recomienda Mahbub ul Haq, creador de los Informes sobre Desarrollo Humano.

Ese fue el propósito de un trabajo de campo realizado por el PNUD en El Salvador -con el apoyo de la ONG TECHO- en 20 comunidades pobres del país y publicado recientemente en el libro La pobreza en El Salvador desde la mirada de sus protagonistas.

A diferencia de lo que reportan los estudios de opinión pública, cuando a estas comunidades se le preguntó ¿cuál era el principal problema del país?, su respuesta, aunque parezca obvia, fue "la pobreza en que viven".

Para entender el significado de vivir en pobreza, la mayoría de personas consultadas coincidían en tres aspectos.

Primero: “Mire lo que comemos”, decía una mujer de una comunidad haciendo referencia a que su consumo alimentario se limita a sal, tortillas, frijoles y arroz; destacando que con frecuencia en su casa no tenían lo suficiente para comer los tres platos diarios y se veían obligados a comer salteado. “Cuando la cosa se pone seria, aunque yo no pueda, por lo menos trato de que coman mis hijos”, añadía.

Segundo aspecto: “Mire dónde vivimos”, señalaba una señora de otra comunidad, y mostraba la diversidad de carencias que presentaba su vivienda en cuanto a piso, techo y paredes, y la falta de servicios básicos. “Vivimos todos amontonados y en medio de la suciedad”, agregaba con vergüenza cuando uno de los jóvenes investigadores le pidió prestada la letrina de su casa.

El tercero es la falta de tiempo y de lugares de esparcimiento en la casa, en la escuela y en la comunidad. “La diversión para nosotros no existe”, decía melancólicamente una adolescente “Cuando hay lugar, voy a traer leña; si no, agarro la Biblia y me pongo a leer un rato”, fue la respuesta que dio una dama cuando se le preguntó qué hacía en su tiempo libre.

Al preguntárseles sobre las causas de su pobreza, hubo también tres respuestas predominantes. La más frecuente “la falta de trabajo”, no porque no trabajen, y generalmente muy duro, sino porque los empleos que consiguen son temporales o mal remunerados. “Si hay trabajo, me alegro porque sé que aunque gane poco va a haber para la comida. El problema es que pueda que hoy haya y mañana ya no. Es una pobreza que nos llega porque no tenemos trabajo todos los días”, sostenía un jornalero.

La “pérdida de la salud” también es mencionada como una causa frecuente de la pobreza, debido a que impide aprovechar las pocas oportunidades de empleo que se presentan y porque obliga a las familias a incurrir en gastos extraordinarios en transporte y medicinas. “Si uno está motivado, la alegría es trabajar para ganarse el pan de cada día, pero cuidado si te enfermas, porque lejos de ganar lo que vienen son gastos”, decía un hombre sexagenario.

La tercera causa es la amenaza de “perder lo poco que se tiene”, por causa de un desastre natural, pero principalmente por la violencia y la delincuencia. “A nosotros nos gusta el futbol”, decía un joven, “pero no me la puedo llevar a ella conmigo (señalando a su novia), porque un día que me la llevé, los ladrones se me metieron a la casa”.

Curiosamente la falta educación casi nunca fue mencionada como causa directa de su pobreza. Al indagar, la razón era sencilla: sabían que para salir de la pobreza la educación era esencial, pero también que los niveles alcanzados o al alcance de sus hijos eran insuficientes para lograr ese objetivo.

En síntesis, escuchar a los pobres hoy en El Salvador, es darle prioridad al trabajo decente, la educación, la salud, la seguridad alimentaria y ciudadana, la vivienda digna y la posibilidad de divertirse; sin olvidarse de que “cuando todo es prioritario, nada es prioritario”.

*Ver artículo completo en Revista Humanun.

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