• El Caribe y su capacidad de recuperación | Jessica Faieta

    29 ago 2014

    Impulsar la preparación y aumentar la resiliencia, limitando en la medida de lo posible las pérdidas de bienestar, es una inversión. Foto: Carolina Azevedo/PNUD

    Después de haber vivido y trabajado durante más de una década en cuatro países del Caribe, soy testigo de cómo los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS, en inglés) son extremadamente vulnerables a los desafíos que van desde la deuda y el desempleo al cambio climático y el aumento del nivel del mar.

    Estos aspectos hacen que sus caminos hacia el desarrollo sostenible sean probablemente más complejos que el de otros países. Esa fue mi experiencia, trabajando en estrecha colaboración con los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y el pueblo de Belice, Cuba, Guyana y Haití, donde, tras el terremoto devastador de enero del 2010, lideré los esfuerzos de reconstrucción del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).

    Por eso la próxima Conferencia de la ONU sobre los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS), que tendrá lugar en Samoa, del 1-4 de septiembre, es tan importante. Esta reunión de alto nivel proporcionará una oportunidad para incrementar la cooperación internacional y el intercambio de conocimientos entre las regiones y dentro de las mismas. Además, tiene lugar en un momento clave, antes de la Cumbre de Cambio Climático durante la Asamblea General de la ONU, que se celebrará el 23 de septiembre.

    El cambio climático – y todos los fenómenos naturales, -- suelen tener un impacto mayor en los Pequeños Estados Insulares más duramente, a pesar de que estos países no han sido históricamente grandes emisores de CO2 ni contribuido al calentamiento global. Una exposición extrema a los desastres, como inundaciones, huracanes, sequías, deslizamientos de tierra y terremotos, colocan a estos países en una posición particularmente vulnerable.

    Dos sectores clave en el Caribe, la agricultura y el turismo, ambos cruciales para las economías de estos países, están especialmente expuestos. La agricultura proporciona el 20 por ciento del empleo total en el Caribe. Por otra parte, el turismo representó el 14 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de los países del Caribe en 2013 - más alto que en cualquier otra región del mundo.

    Es evidente que si los países no reducen su vulnerabilidad y fortalecen su capacidad de recuperación - no sólo a los desastres naturales, sino también a las crisis financieras - no vamos a ser capaces de garantizar, y mucho menos de ampliar, el progreso en los ámbitos sociales, económicos y ambientales.

    El intercambio de conocimientos entre las regiones y dentro de las mismas también es vital. El PNUD ha estado trabajando con los gobiernos del Caribe para compartir experiencias exitosas, como la que comenzó en Cuba en 2005 con la creación de Centros de Gestión para la Reducción del Riesgo, que sirven de apoyo al papel fundamental de los gobiernos locales en el sistema de defensa civil.

    Este modelo ha sido adaptado y está siendo implementado en Guyana, las Islas Vírgenes Británicas, Jamaica, República Dominicana y Trinidad y Tobago.

    Impulsar la preparación y aumentar la resiliencia, es decir, la capacidad de recuperación frente a un desastre, limitando en la medida de lo posible las pérdidas de bienestar, es una inversión. Además de salvar vidas, por cada dólar gastado en la preparación y mitigación de desastres, se ahorran siete dólares que hubiesen sido necesarios tras un desastre.

    Sin embargo, hay que hacer frente a la vulnerabilidad más allá del cambio climático o los desastres naturales. Los pequeños estados insulares en el Caribe,  y en otras regiones en desarrollo, suelen estar aislados del comercio y las finanzas mundiales. La comunidad internacional debe reconocer y apoyar a este grupo vulnerable de países en su camino hacia un desarrollo más sostenible.