• Por una América Latina y Caribe tenaz y menos vulnerable | Jessica Faieta

    26 ago 2014

    Los países de la región deben reducir sus vulnerabilidades y reforzar su capacidad de recuperación ante crisis financieras y desastres naturales. Foto: PNUD Paraguay

    En este año que perdimos a Gabriel Garcia Márquez, recuerdo una frase de su discurso al recibir el Premio Nobel en 1982: “Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte.”

    Pareciera un presagio. En América Latina y el Caribe, en los últimos treinta años la democracia se ha consolidado en la gran mayoría de los países y la gente ha tenido mejoras en salud, educación y acceso a recursos económicos, dimensiones que configuran al Índice de Desarrollo Humano (IDH), medida de bienestar del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

    De hecho, la región tiene hoy el más alto IDH comparado con las otras regiones en desarrollo. Y mientras la desigualdad de ingresos ha aumentado en las otras regiones del mundo, la nuestra ha logrado reducir la brecha, principalmente debido a la expansión de la educación y las transferencias públicas a los pobres. En la última década, la pobreza se ha reducido casi a la mitad en la región, y la clase media subió de un 22% de la población en el 2000 al 34% en 2012, según datos recientes del PNUD.

    A pesar de estos logros, tenemos una proporción demasiado alta de la población que, aunque no vive en pobreza, tampoco ha logrado acceder a una condición estable de clase media y sigue viviendo en constante incertidumbre. Son éstos los vulnerables de la región: poco más de un tercio de la población, 200 millones de hombres y mujeres quienes corren riesgo de caer en la pobreza. Casi la mitad de ellos (98.5 millones) están trabajando. De estos, 54.4% son trabajadores informales; casi la mitad, el 49.6%, no tiene acceso a servicios médicos; 46.1% no tienen derecho a pensión para el retiro y 53.2% no tienen contrato laboral.

    Está claro que si los países de la región no reducen sus vulnerabilidades y refuerzan su capacidad de recuperación ante crisis financieras y desastres naturales, no seremos capaces de garantizar, y mucho menos ampliar, los avances en la región en los ámbitos social, económico y ambiental.

    Además, no solo en América Latina y el Caribe, sino en todas las regiones del mundo, el ritmo del progreso social y económico es más lento que en la década pasada, según el Informe sobre Desarrollo Humano titulado "Sostener el Progreso Humano: Reducir vulnerabilidades y construir resiliencia”.

    Más de las mismas políticas no rendirán los mismos resultados de antes. En el Informe hacemos hincapié en la necesidad de ampliar la protección social y hacerla efectivamente universal, particularmente en las fases más críticas de la vida de mujeres y hombres.

    La calidad del empleo es un tema clave para nuestra región. Los trabajadores – en su mayoría informales, en zonas urbanas y con medios de vida precarios – son altamente vulnerables a las crisis.

    Invertir en la “resiliencia” de las personas y los países al ampliar su capacidad de lidiar de manera exitosa con las crisis, sean éstas financieras o asociadas a desastres naturales es, sin duda, una manera de ampliar “la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”, como inmortalizó Garcia Márquez en su discurso histórico.


Sobre el autor
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Jessica Faieta es Subsecretaria General de la ONU y Directora del PNUD para América Latina y el Caribe.

Biografía
Informe sobre Desarrollo Humano 2014
Sostener el Progreso Humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia

 

El Informe resalta la necesidad de promover las oportunidades de vida de las personas así como de proteger los logros alcanzados en el desarrollo humano.

 

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