• Encrucijada para el desarrollo: reflexiones acerca de la región árabe | Kishan Khoday

    11 jun 2014

    Familia de refugiados
    Refugiados sirios en el campamento de Zaatari, en el pueblo de Zaatari, Jordania. Foto: PNUD

    En los últimos años, hemos presenciado cambios drásticos en la región árabe y, en particular, es importante destacar dos aspectos fundamentales que permitirán a la región hacer frente a los problemas de financiamiento del desarrollo.

    En primer lugar, la función preponderante que ha adquirido la región como proveedor de asistencia oficial para el desarrollo (AOD), gracias al aporte de más de 3.000 millones de dólares que realizan cada año los países del Golfo árabe a otros países del mundo: tan solo Arabia Saudita proporciona más de $100.000 millones a cerca de 90 países desde los años setenta.

    Mientras el volumen de AOD ha llamado la atención, cuestiones importantes para el futuro serán un foco creciente para los asociados árabes en la efectividad del desarrollo y alineación con las prioridades post-2015, como acceso sostenible a la energía y el agua, y la aplicación de estándares de calidad sociales y medio ambientales para manejar el riesgo en países receptores.

    De hecho, mientras anteriormente la mayoría de los AOD árabes operaban a través de canales de cooperación bilateral y de plataformas árabes multilaterales, en la actualidad pueden conectarse directamente con benefactores del hemisferio sur, dado que el centro de gravedad de la economía mundial está virando hacia el este a gran velocidad y esto significa que también se están produciendo cambios en el campo de la cooperación para el desarrollo.

    La creación de alianzas estratégicas entre benefactores asiáticos y árabes podría generar una poderosa fuerza cuyo objetivo común sería el de financiar nuevas soluciones de desarrollo en África, con la expectativa de que tanto los benefactores árabes como los asiáticos logren incrementar la ayuda que ofrecen a África en la era post-2015. La nueva asociación entre estas tres regiones podría promover la reapertura de antiguas rutas comerciales, incentivar la cooperación y la innovación, y trazar una nueva ‘ruta de la seda’ en el marco de soluciones para el desarrollo.

    En segundo lugar, el enfoque en los debates post-2015 acerca de la necesidad de adaptar la ayuda a los generadores de cambio en todo el mundo, tal como el desarrollo de países de ingresos medianos (MIC, por sus siglas en inglés) y el creciente poder de los movimientos sociales, ambos temas de especial relevancia en la región Árabe.

    Los indicadores de desarrollo han revelado que la región árabe registra uno de los progresos más trascendentes en materia de desarrollo en las últimas décadas, en especial en el sector de la salud y de la educación. Sin embargo, al mismo tiempo, una ampliación de la brecha social y económica acompaña este progreso.

    En efecto, problemas de exclusión social y de desigualdades han alimentado la ola de conflictos sociales que se desencadenó en 2011. Estos movimientos, tanto en la región como a nivel global, se han convertido en una nueva fuerza disruptiva en el marco del desarrollo, lo que exige un replanteo fundamental de nuestros enfoques.

    El programa de financiamiento del desarrollo hacia la región no debe considerar a las comunidades como simples beneficiarios de caridad y los aliados de desarrollo nacional e internacional deben comprometer a la sociedad civil a fomentar el cambio, con mayor transparencia, responsabilidad y participación en la toma de decisiones.

    Las instituciones de desarrollo deberían ayudar a sus aliados a transcender la simple manifestación autocrítica y lineal para abordar el crecimiento económico y adoptar un enfoque más contextualizado, capaz de afrontar, en lugar de eludir, las fuerzas históricas y culturales que caracterizan el estado de desarrollo en la región árabe de los años posteriores a 2011.


Sobre el autor
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Kishan Khoday es líder de las actividades del PNUD para el Medioambiente y la Energía en la Región Árabe, con base en el Centro Regional del PNUD en El Cairo.