• Ampliar la representación política indígena: una deuda urgente de nuestras democracias | Álvaro Pop

    03 jun 2014

    Grupo de hombres y mujeres sentados en el suelo leyendo
    Las comunidades indígenas se han constituido en sujetos políticos activos que interpelan cada vez más a nuestras sociedades. Foto: PNUD Perú

    En las últimas décadas los pueblos indígenas hemos cuestionado profundamente los modelos de desarrollo vigentes y las democracias en América Latina y más allá de nuestra región.  La medida principal de progreso sigue siendo el Producto Interno Bruto, que distorsiona el verdadero significado de progreso y bienestar. El daño a los ecosistemas, la perdida de la diversidad biológica y la erosión de la diversidad cultural y lingüística se excluyen de este balance general.

    Además, la baja representatividad de los pueblos indígenas en la política y nuestro desarrollo humano – por debajo de los promedios nacionales – demuestra que las democracias y el modelo de desarrollo latinoamericanos no han cumplido plenamente su cometido.

    Pero muchos de los pueblos indígenas nos hemos constituido en sujetos políticos activos que interpelan cada vez más a nuestras sociedades, tachándolas de ser excluyentes, racistas, desconocedores de la historia – que con frecuencia niega el genocidio indígena – y de reprimir la diversidad y la existencia de sujetos sociales con cultura y cosmovisión diferente.

    Escuchar estos cuestionamientos y propiciar acciones reales de cambio es el reto de las democracias. Urge un enfoque nuevo, rejuvenecedor de la política criolla y de sus valores. Tales necesidades de renovación de cuadros y de estrategias electorales se evidenciaron en las elecciones de 2013, como detalla el informe que presentamos junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) durante el Foro Permanente de la ONU para Cuestiones Indígenas.
     
    Desde la instauración de los regímenes democráticos en América Latina, la participación política de los pueblos indígenas se ha ampliado lentamente. Se destaca la participación que los pueblos indígenas han tenido en los comités cívicos  y en las diversas expresiones de organización política propias de los pueblos ancestrales como en el caso de México y Guatemala, donde la participación política local del Comité Civico Xel-ju (de base indígena maya quiché) en la ciudad de Quetzaltenango, ha sido una escuela de formación política, además de haber ganado las elecciones locales por dos periodos consecutivos.

    Entre los principales desafíos que los pueblos indígenas deben vencer esta la necesidad de incidir en las reformas jurídicas, constitucionales y electorales necesarias para el reconocimiento de sus derechos y del carácter intercultural de los Estados y para modificar el sistema de financiamiento de los partidos políticos y las campañas.

    También es fundamental valorar e incentivar el desarrollo del liderazgo juvenil y femenino, ya que en la actualidad aún se privilegian los hombres líderes frente a las mujeres líderes.

    Además, es crucial encontrar mecanismos vinculantes de diálogo entre pueblos indígenas, iniciativa privada, y gobiernos a fin de minimizar los conflictos debidos a la exploración o explotación de recursos estratégicos actuales ubicados en territorios de pueblos indígenas.

    Súmate al debate: ¿Qué medidas deben ser tomadas para impulsar las democracias interculturales?