• ¿Innovar en favor del estado de derecho? | A. H. Monjurul Kabir

    25 mar 2014

    La campaña 'Mi Mundo, Mi Georgia' utiliza micro-relatos como una nueva forma de recopilar y analizar los datos. Foto: PNUD en Georgia

    Los estudiantes de Derecho y los especialistas en investigación jurídica de la Universidad de Oxford me preguntaron recientemente si la agenda sobre el estado de derecho podía hacerse más innovador y, en efecto, pienso que necesitamos una transformación fundamental en la forma en que realizamos nuestro trabajo en torno al estado de derecho y la gobernanza en todos los niveles.

    Hay muchas barreras para acceder a la justicia y garantizar el estado de derecho, sobre todo cuando existen altos niveles de pobreza, exclusión, marginación e inseguridad. Las leyes y las instituciones de justicia, tanto del sector formal como informal, pueden ser parciales o discriminatorias. Los sistemas de justicia y de seguridad pueden ser ineficaces, lentos y poco confiables. Las personas podrían desconocer sus derechos. Es posible que exista una cultura de impunidad relativa a los actos delictivos.

    A pesar de todo esto, se puede hacer más para garantizar que los grupos más vulnerables y desfavorecidos se beneficien del estado de derecho, el empoderamiento jurídico y el acceso a la justicia, lo cual amplía sus oportunidades y opciones. El reto consiste en lograr más con menos recursos. Nuestras estructuras, sistemas y procesos tradicionales están resultando insuficientes para hacer frente a nuevos desafíos en materia de desarrollo. Nuestro sistema de justicia no es el más transparente ni el que más toma en cuenta los datos, y se torna difícil sacar a la luz la información.

    Necesitamos nuevas ideas, recursos y formas no convencionales de recopilación y análisis de datos, tales como el uso de micronarrativas en Georgia  o innovadoras audiencias públicas en Serbia, para complementar las encuestas tradicionales.

    No obstante, la innovación se está convirtiendo rápidamente en la nueva palabra de moda, razón por la cual preferiría ser cuidadoso al aplicarla aquí:

    •    La innovación no es gratuita y requiere tiempo, por lo cual se debe incorporar a las tendencias predominantes: potencialmente, todas las personas pueden tener algo que decir o un rol que desempeñar que marque la diferencia;
    •    El reempaquetado no es innovación, a menos que atienda las "necesidades específicas" de las comunidades vulnerables, no satisfechas a través de los mecanismos y servicios existentes;
    •    Lo que es innovador en Turquía y Tanzania podría no serlo en la India, Turkmenistán o Belarús;
    •    Los macrodatos son importantes, pero lo que tiene importancia fundamental es aprovecharlos para una buena causa;
    •    Es igualmente esencial ir más allá de las redes sociales: si bien Facebook y Twitter desempeñan un rol admirable al conectar a las personas, no son suficientes para resolver un problema o aportar una solución sostenible;
    •    Debemos cuidarnos de la dependencia tecnológica: las herramientas y enfoques innovadores impulsados por los usuarios son mucho más poderosos;
    •    Las ideas innovadoras, aunque refrescantes, deben ser pragmáticas para poderlas aplicar. Las pruebas del impacto son más importantes que la novedad.

    Mi opinión es que las ideas no siempre tienen que ser transformadoras o revolucionarias. Nuestras plataformas pueden replicar o incluso reciclar lo que ya funciona mediante la introducción de modelos exitosos para nuevos actores y entornos. Incluso aquello que puede parecer ordinario tiene el potencial de convertirse en algo innovador en distintas condiciones, enfoques o entornos.

    Cuéntanos: ¿cómo puede la tecnología acelerar la participación ciudadana?


Acerca del autor
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A. H. Monjurul Kabir, Jefe Interino del Equipo de Gobernanza Democrática es el Asesor Principal del PNUD para asuntos de Derechos Humanos y Justicia para Europa y Asia Central.

Síguelo en Twitter: @mkabir2011

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