• ¿Es relevante la Alianza Global? | Jérome Sauvage

    06 mar 2014

    Jóvenes de Brasil sentados en círculo
    Una consulta de Post-2015 con los jóvenes brasileños indígenas. (Foto: Juliana Wenceslau)

    En Washington, D.C., varias agencias gubernamentales de EE.UU. y centros de estudios se están preparando para la próxima Reunión Ministerial para la Cooperación Eficaz al Desarrollo que tendrá lugar en México.

    En una reunión preliminar reciente, conversé con entusiastas y escépticos. Los optimistas hicieron mención del progreso logrado desde Monterrey 2002 hasta Busan 2011, y cómo la Declaración de Paris comenzó a alinear los programas con las prioridades de los países en desarrollo. Esto tuvo como resultado mayor armonización y rendición de cuentas entre países donantes y beneficiarios. Ahora, en el proceso participan actores intergubernamentales, de la sociedad civil y del sector privado e incluye la igualdad de género, la financiación del cambio climático y la lucha contra la corrupción.

    Los escépticos piensan que la “actividad de asistencia” ya no tiene arreglo, que la llamada agenda de la eficacia de la ayuda no mide la eficacia sino la eficiencia; y que observa los procesos burocráticos en lugar del verdadero impacto de la asistencia en la reducción de la pobreza.

    Uno de sus voceros, el académico estadounidense William Easterly, atribuye buena parte del fracaso de la asistencia a la falta de retroalimentación y rendición de cuentas: “Las necesidades de los pobres no son atendidas porque tienen poco poder político para darlas a conocer y no pueden responsabilizar a nadie por la atención de esas necesidades.”
     
    Pero los optimistas y escépticos parecen estar de acuerdo en algo: la necesidad de reformar la arquitectura de la asistencia antes de que el mundo se rinda por cansancio — y ante el caos de iniciativas desorganizadas y menos sujetas a rendición de cuentas aún.

    Para mí, este constituye el desafío del proceso de Eficacia del Desarrollo: reformar la asistencia para beneficio y acuerdo de todos los actores, especialmente aquellos a quienes debemos asistir. Como co-secretaria en México, nuestra organización puede desempeñar una función crucial para ayudar a asumir este reto.
     
    El fuerte apoyo que presta el PNUD a quienes viven en pobreza, tanto a nivel de país como internacional es un ángulo de enfoque.
     
    Hay un libro que plantea un camino posible. Time to Listen (Hearing People on the Receiving End of International Aid) reúne opiniones experiencias y lecciones de personas en 20 países, beneficiarias de la ayuda internacional. Señala que, por encima de todo, las comunidades desean ser más escuchadas.

    Escuchar implica respeto, información y participación. Asegura mayor sostenibilidad; y si escuchar requiere de acciones más deliberadas y más lentas aún, es un tema a tratar en un foro sobre Eficacia de la Asistencia.

    Cuéntanos: ¿cómo podemos hacer que escuchar a los pobres sea parte esencial de desarrollo?