• Empoderar a mujeres y niñas para enfrentar el SIDA y la pobreza | David Wilson & Jeni Klugman

    27 ene 2014

    Una mujer es examinada por SIDA en Burkina Faso
    Una mujer es examinada por VIH/SIDA en un centro de prevención y tratamiento en Burkina Faso. Foto: Giacomo Pirozzi y PNUD Burkina Faso

    "No se puede comer un caramelo con el envoltorio" dijeron jóvenes sudafricanos en un reciente estudio del Banco Mundial para explicar por qué se rehúsan a usar condones a pesar del riesgo de VIH. Los hombres creen que los condones no son masculinos y las mujeres sienten que no pueden insistir.

    ¿Qué significa esto? encuesta hecha en 2011 por Gallup en 19 países subsaharianos, donde viven más de los dos tercios de los seropositivos del mundo, indicó que la mayoría de los adultos sabe cómo prevenir el VIH. Sin embargo, mientras un 72 por ciento reconoció que se debe usar condón cada vez que se tienen relaciones sexuales, sólo un 40 por ciento dijo haber usado uno en su vida.

    Estas normas sociales ayudan a explicar por qué el SIDA afecta de manera desproporcionada a las mujeres en muchos países. Empoderarlas para que cuestionen esas normas es fundamental para enfrentar la epidemia, avanzando de paso en la lucha contra la pobreza y el logro de la prosperidad.

    Al igual que la pobreza, el SIDA exige acción e innovación -teniendo presentes a mujeres y niñas- en diversos frentes, desde las políticas hasta el transporte público. Durante el debate mundial "El mundo que queremos", sobre los objetivos de desarrollo posteriores a 2015, una joven madre de Papúa Nueva Guinea reconoció saltarse el tratamiento contra el VIH por miedo a ser violada o atacada durante el largo camino a pie hacia la clínica. El país tiene uno de los índices más altos de violencia de género en el mundo.

    Muchas veces las mujeres enfrentan impedimentos para acceder a la salud por tener movilidad restringida y carecer de control sobre las finanzas. Cuando deben cuidar a familiares que sufren de SIDA, disminuyen sus oportunidades de ir a la escuela o trabajar.

    La violencia de género aumenta el riesgo de contagio del VIH. Dos estudios recientes en Uganda y Sudáfrica mostraron que las mujeres víctimas de violencia a manos de una pareja tenían 50 por ciento más probabilidades de ser seropositivas.

    En Mali y Níger, más del 40 por ciento de las mujeres sienten que no pueden rehusarse a tener relaciones sexuales incluso si sus maridos sufren una infección sexualmente transmisible. Un 31 por ciento de las mujeres de la región dice que negarse da una razón a sus maridos para pegarles. En Asia meridional, el 14 por ciento de las mujeres está de acuerdo.

    Se ha progresado muchísimo desde que se descubrió el SIDA en 1981. Unos 10 millones de personas de los países en desarrollo reciben hoy tratamiento, pueden vivir vidas saludables y las nuevas infecciones de VIH han disminuido en un tercio desde 2001. Sin embargo, aún quedan muchos desafíos, especialmente en asuntos de género.

    Poner fin al SIDA y enfrentar la pobreza son metas que están a nuestro alcance, pero para lograrlo es vital empoderar a las mujeres y niñas.