• ¿La ayuda extranjera realmente no sirve? | Jérome Sauvage

    24 ene 2014

    Mujer vietnamita y su bebé
    Una mujer Hmong y su bebé en la aldea Sin Chai. Vietnam es un ejemplo de cómo la ayuda internacional exitosa puede transformar a un país. Foto: Kibae Park/ONU

    Desde mi llegada a Estados Unidos, hace un año, he encontrado a autores como Roger Riddell, quien cuestiona de manera puntual a los responsables de los programas de ayuda. Existe una literatura enérgica y con amplia lectoría que mantiene una postura escéptica sobre la ayuda bilateral y multilateral.

    He podido apreciar en Washington el modo en que USAID se ha enfocado preferentemente en informes basados en datos objetivos y cuantificables, mientras que en el PNUD centramos la atención en los resultados (como lo demuestra nuestra alta calificación en el marco de la IATI), una persona y un país a la vez.

    No obstante, en nuestras presentaciones suele faltar una parte importante de las pruebas: los propios países que han superado con éxito la pobreza.

    Recién regreso de Vietnam, luego de las vacaciones de Año Nuevo. Hanoi fue mi primer puesto en el PNUD en 1985. El país estaba completamente devastado por la guerra. El PNUD se unió a un pequeño grupo de donantes que apoyaron diversos proyectos de rehabilitación, en particular en los sectores del café y el caucho. Vietnam es hoy el segundo mayor productor de café después de Brasil (aunque principalmente del tipo Robusta) y probablemente se convierta en el tercer mayor productor de caucho del mundo.

    Pese a que nuestra presencia necesitaba de bastante justificación en el ámbito internacional, nos quedamos, logramos apoyar el proceso de reforma en cuanto se inició y, más adelante, asesoramos a los dirigentes nacionales en las negociaciones con las grandes instituciones y bancos multilaterales.

    Hoy el PNUD en Vietnam se ha ganado el derecho, del que disfrutan pocas instituciones, de actuar como "voz de la conciencia", planteando los temas difíciles sobre gobernabilidad.

    Todos tenemos historias como la mía, de todos los rincones del mundo. En mi limitada experiencia en investigación, he notado que los detractores de la ayuda exterior rara vez determinan si la ayuda ha logrado un impacto en el desarrollo económico y social en el pasado. Sus críticas se dirigen al presente y parecen dar por sentado que los países que han tenido éxito superaron la pobreza de una manera, digamos, orgánica. Incluso el Informe sobre Desarrollo Humano 2013 "El ascenso del Sur" se limita a mencionar la correlación entre la inversión pública en infraestructura física y social y el progreso en el marco del Índice de Desarrollo Humano, absteniéndose de atribuir los avances a la ayuda exterior. ¿Se trata de una oportunidad perdida?

    Tenemos mucho trabajo por delante acelerando el progreso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, introduciendo un nuevo Plan Estratégico, y llevando a cabo programas muy necesarios alrededor del mundo. Sin embargo, ¿no vale la pena dedicar una pequeña cantidad de fondos y esfuerzos a publicitar la prueba de nuestros éxitos pasados, y ocupar así un espacio necesario en el debate del día?