• Bienvenidos a una nueva generación de "problemas del desarrollo" | Duncan Green

    16 ene 2014

    Mujer bebiendo gaseosa
    Problemas de salud generados por una alimentacion rica en grasas y azúcares, originalmente más comunes en los países del Hemisferio Norte, están en aumento en los países del sur. Foto: PNUD Fiji

    Analizando la información que leí durante el receso de Navidad, uno de los temas que predominó fue el auge del ”Norte en el Sur” en materia de salud, esto es, lo que llamo el Efecto Cenicienta: accidentes de tránsito, el trafico de drogas o el consumo de tabaco o alcohol, causantes de enormes (y cada vez mayores) daños en los países en desarrollo, pero que sin embargo quedan al margen del debate.

    ODI comenzó con Dietas del futuro, un excelente artículo sobre obesidad que indica que el número de personas obesas o con sobrepeso que viven en los países en desarrollo (904 millones) es más de tres veces superior a la de 1980, siendo ahora superior a la cantidad de personas desnutridas (842 millones, según la FAO).

    Entretanto, el Economist publicó un artículo de dos páginas y un editorial sobre la "nueva guerra contra los medicamentos”: “Los países ricos quieren disminuir los costos de salud y, en los mercados emergentes, las personas viven más y padecen enfermedades de países ricos, lo que incrementa la demanda de medicamentos para el cáncer, la diabetes y otras enfermedades crónicas. En los mercados emergentes, los gobiernos quieren ampliar el acceso a tratamientos, pero los medicamentos ya se llevan una gran parte de los costos en materia de salud. Mientras tanto, una ola de innovación está produciendo nuevos tratamientos que son de alto costo.”

    Esto presenta un problema para las ONG y los organismos del desarrollo. Aunque nos enfoquemos -con razón- en el escándalo de que haya 842 millones de personas que pasan hambre en un mundo que tiene recursos, ¿deberíamos también comenzar a discutir los temas de salud pública como la obesidad, que ya no son exclusividad de los ricos?

    ¿Qué pasaría si, además de nuestro trabajo contra las enfermedades del subdesarrollo (malaria, VIH, poliomielitis), reconociéramos la creciente importancia de las enfermedades no contagiosas que tememos en el ámbito personal (cáncer, enfermedades cardiovasculares, Alzheimer)? ¿La pérdida de lo exótico podría reducir el interés del público o de los medios? De ser así, ¿debería importarnos?

    El aspecto positivo es que los gobiernos, los científicos y otros en el Hemisferio Norte tienen vasta experiencia sobre estas materias, y su consejo y asistencia sería quizás mucho más útil para los países en desarrollo que insistir sobre temas sobre los que los países ricos en la actualidad no son muy eficaces (crecimiento, empleo, agricultura a pequeña escala, etc.).

    Cuéntanos: ¿Debe redirigirse el foco del desarrollo a medida que los países del sur enfrentan cada vez más problemas de salud comunes en el Hemisferio Norte? Si es así ¿de qué forma?