• El choque de generaciones: dar empleo a los jóvenes puede evitar conflictos

    20 dic 2013

    refugiados de Siria
    Refugiados de Siria. (Foto: UNHCR)

    En una época de cambios demográficos sin precedentes ‒se estima que para 2050 habrá 9,600 millones de personas en el mundo, concentradas principalmente en las ciudades‒ las estructuras poblacionales juegan un importante papel en la paz y estabilidad general de un país. Mi investigación se centra en la correlación entre poblaciones con cantidades crecientes de jóvenes, que los científicos sociales llaman “explosión juvenil”, la inestabilidad y los conflictos.

    En todo el mundo, 68 países, incluidos Afganistán, Iraq, Malí, Nigeria, y Yemen, registran pirámides demográficas con marcada preponderancia de las generaciones más jóvenes. Muchos de estos países, en los cuales más del 30 por ciento de la población adulta tiene entre 15 y 24 años de edad, actualmente tienen problemas de violencia o inestabilidad social o política.

    Aunque las explosiones juveniles no son la única causa de violencia, cuando se las combina con una escasa educación, un mercado laboral deprimido incapaz de proveer empleo a grandes cantidades de jóvenes trabajadores, y un sistema político inaccesible que excluye a los jóvenes, aumenta el riesgo de conflicto.

    Uno de estos casos es el conflicto actual en Siria. En 2000, la explosión juvenil en Siria era la tercera más grande en el mundo y el país también registraba una de las tasas más bajas de educación secundaria en el Medio Oriente y Norte de África. Como en muchos otros países de la región, la juventud de Siria tenía que esperar durante largos períodos para conseguir trabajo, mientras que las tasas de desempleo juvenil se hallaban entre 20 y 25 por ciento, lo cual demoraba sus proyectos de matrimonios y peligraba su estabilidad.  

    Sin embargo, las explosiones juveniles no siempre originan violencia y disturbios. Cuando se las combina con empleos y educación pueden impulsar el progreso y el desarrollo económico. En los países de Asia Oriental y Europa, como por ejemplo Irlanda, las explosiones juveniles han contribuido a fortalecer la economía. En países como Siria, se observaron cada vez más oportunidades en la educación, el mercado laboral, y la participación política pacífica que no solo transformaba a la juventud en una ventaja económica sino también ayudaba a reducir el conflicto.

    Cuéntanos: ¿Cómo podemos ayudar a la juventud a convertirse en fuentes de paz y no de conflicto?


Sobre el autor
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Henrik Urdal es un profesor investigador del Instituto Internacional de Oslo para la Investigación de la Paz (PRIMO) y Director del Proyecto sobre Tendencias de los Conflictos (PRIMO y el Ministerio Noruego de Asuntos Exteriores)