• Planificación de la recuperación: tres puntos observados en Filipinas | Kamal Kishore

    18 dic 2013

    edificio dañado en Filipinas
    En las áreas alrededor de la ciudad de Tacloban, incluso los edificios bien diseñados sufrieron graves daños. (Foto: PNUD en Filipinas)

    A mi arribo en Manila tan solo pocos días después del tifón Haiyan, me preguntaba por qué estábamos allí. Como solemos señalar, Filipinas es uno de los países mejor preparados de la región porque cuenta con impresionantes sistemas de alerta temprana y de emergencia. Entonces: ¿Por qué el impacto del Haiyan fue tan devastador? y ¿Cómo podemos evitar futuras emergencias?

    Una de las primeras cosas que noté al llegar fue cómo el daño, la destrucción y las muertes causadas por la tormenta variaban significativamente en todo el país. Por ejemplo en Guiuan las muertes fueron una décima parte de las registradas en otras regiones, aunque los vientos fueron de magnitud similar. Por lo tanto, no puede ser coincidencia que el bajo número de muertes sea directamente proporcional a la rapidez y eficacia de la respuesta del gobierno local.

    El segundo punto observado es que la transición de las acciones de socorro a las de recuperación parece ser muy rápida. Realmente se aprecia el sentido de urgencia, sin embargo el principal desafío consiste no solo en reconstruir rápidamente sino también en hacerlo mejor, con una visión a largo plazo y la idea de generar resiliencia. Es importante recordar que durante la recuperación no solo estamos reconstruyendo cosas materiales sino también vidas, medios de subsistencia y comunidades.

    El último punto observado (hasta ahora) es que debemos trabajar con las comunidades. En cada lugar que visitamos se pone de manifiesto lo mismo: las personas quieren participar en las decisiones sobre qué reconstruir y cómo. Son las propias comunidades las que saben dónde y cómo fallaron las defensas y también deben decidir qué se va a reconstruir. Los afectados por Haiyan no son sólo espectadores. Es necesario que dirijan todo este proceso.

    En Filipinas podemos ayudar a que esto se realice mediante el apoyo a iniciativas locales. Por ejemplo, la semana pasada cuando estaba en Ormoc, donde aún no se ha restablecido la electricidad, vi personas que cobraban 20 o 30 pesos la media hora para recargar un teléfono con baterías de automóviles. Esto puede parecer insignificante, pero este tipo de ingenuidad local y espontánea demuestra la resiliencia de las personas damnificadas en Filipinas. Debemos aprovecharla.

    Tenemos la oportunidad de ayudar a Filipinas a reconstruir mejor. Es necesario hacerlo concienzudamente y utilizar todos los conocimientos técnicos de los que podamos disponer. Debemos planificar cuidadosamente, deteniéndonos para pensar si algo debe reconstruirse o no, y considerar las implicaciones de construir una estructura diferente o de potenciar medios de subsistencia diferentes y diversificados. Aceptemos el desafío de ser ágiles y al mismo tiempo cuidadosos. Sin necesidad de optar solo por una de esas dos cualidades.

    Cuéntanos: ¿Cuál es la mejor manera de ayudar a las comunidades devastadas en Filipinas?


Sobre el autor
thumbnail

Kamal Kishore es Asesor del Programa de Reducción de Desastres del PNUD y el Equipo de Recuperación de la Dirección de Prevención de Crisis y Recuperación.