• Países en crisis: nuevo enfoque para reconstruir el futuro | Jordan Ryan

    08 nov 2013

    peluquero cortando el pelo a un cliente
    Jean-Marie, 42, se vio obligado a abandonar su pueblo a causa del conflicto. Ahora ha vuelto a casa y trabaja en su propia peluquería. Foto: Aude Rossignol/PNUD en Burundi

    En todo el mundo, 1.500 millones de personas viven en lugares afectados por los conflictos o la violencia a la espera, a veces durante décadas, de algo más que un alivio temporal a la muerte y la destrucción.

    A lo largo de mi carrera de 20 años en las Naciones Unidas, he visto el término de numerosos conflictos. Un ejemplo es Liberia, que hace poco celebró un decenio de avances en pro de la construcción de una paz duradera. Sin embargo, con frecuencia los países vuelven a caer en la violencia y el caos por no enfrentar como se debe las causas económicas, sociales y políticas subyacentes.

    Si los donantes y las organizaciones de ayuda adoptaran una perspectiva a más largo plazo frente a los conflictos y las crisis, y siguieran avanzando más allá de las respuestas humanitarias inmediatas para concentrarse en los objetivos del desarrollo sostenible, podrían ayudar a revertir la violencia recurrente y erradicar las fuentes que la originaron.

    A nivel de comunidades, esto implica reintegrar a los excombatientes y los desplazados y proporcionar a los jóvenes las habilidades profesionales necesarias para encontrar empleo en el futuro. Con ello se ayuda a los involucrados a dejar de lado las diferencias, reconstruir comunidades devastadas y crear nuevos emprendimientos comerciales.

    De la experiencia en Burundi aprendimos que no basta con enfocarse en grupos específicos, como ex-soldados, refugiados o personas desplazadas.  El planteamiento debe ser inclusivo, centrado en la reintegración de todos los grupos excluidos mediante la mediación en el conflicto y la oferta de empleos a largo plazo. Cuando los antiguos enemigos trabajan codo a codo para reconstruir una sociedad y crear negocios, tienen un interés económico en reprimir la violencia. De esta forma, hostilidades y antagonismos profundamente arraigados comienzan a ceder.

    En una reciente visita a Burundi, pude notar la diferencia. Según un nuevo informe del PNUD (en inglés), más de 17.000 excombatientes, desplazados y refugiados participaron en los programas de trabajo y en promedio, el 70% de ellos decidió invertir sus ahorros. Ahora, miles de burundianos han usado su propio dinero para iniciar pequeñas empresas, desde peluquerías alimentadas con energía solar y tiendas de vestuario de propiedad colectiva hasta producción de miel y empresas de ecoturismo.

    Gestiones similares se están llevando a cabo en otras economías que han salido de conflictos, como Yemen y, muy pronto, la República Democrática del Congo. Pero la recuperación de una nación solo se puede lograr si se abordan las causas que generaron el conflicto. Los individuos tienen que participar en el proceso de paz y encontrar medios para trabajar juntos como agentes activos del cambio. Solo así se puede asegurar que la paz duradera deje de ser un mero sueño.

    Jordan Ryan
    Secretario General Adjunto y Director de la Oficina de Prevención de Crisis y Recuperación del PNUD

    Lea la versión completa de este blog en The Guardian.