PNUD En el mundo

A

Afganistán Albania Algeria Angola Arabia Saudita Argentina Armenia Azerbaiyán

B

Bahrein Bangladesh Barbados Belarús Belice Benin Bhután Bolivia Bosnia y Herzegovina Botswana Brasil Burkina Faso Burundi

C

Cabo Verde Camboya Camerún Chad Chile China Chipre Colombia Comoras Congo (República Democrática del) Congo (República del) Corea (República Popular Democrática de) Costa Rica Croacia Cuba Côte d'Ivoire

D

Djibouti

E

Ecuador Egipto El Salvador Emiratos Arabes Unidos Eritrea Etiopía

F

Filipinas

G

Gabón Gambia Georgia Ghana Guatemala Guinea Guinea Bissau Guinea Ecuatorial Guyana

H

Haití Honduras

I

India Indonesia Iraq Irán

J

Jamaica Jordania

K

Kazajstán Kenya Kirguistán Kosovo (según Res 1244 del Consejo de Seguridad ONU) Kuwait

L

Lao RDP Lesotho Liberia Libia Líbano

M

Macedonia (ex República Yugoslava de) Madagascar Malasia Malawi Maldivas Malí Marruecos Mauricio y Seychelles Mauritania Moldova Mongolia Montenegro Mozambique Myanmar México

N

Namibia Nepal Nicaragua Nigeria Níger

O

Oficina del Pacífico

P

Pakistán Panamá Papua Nueva Guinea Paraguay Perú Programa de Asistencia al Pueblo Palestino

R

República Centroafricana República Dominicana Rusia Federación de Rwanda

S

Samoa Santo Tomé y Príncipe Senegal Serbia Sierra Leona Siria Somalia Sri Lanka Sudáfrica Sudán Sudán del Sur Suriname Swazilandia

T

Tailandia Tanzania Tayikistán Timor-Leste Togo Trinidad y Tabago Turkmenistán Turquía Túnez

U

Ucrania Uganda Uruguay Uzbekistán

V

Venezuela Viet Nam

Y

Yemen

Z

Zambia Zimbabwe

Por qué la violencia mantiene a las mujeres en la pobreza | Jeni Klugman y Matthew Morton

04 nov 2013

Malala Yousafzai Malala Yousafzai, adolescente paquistaní que recibió una bala de un talibán en la cabeza por defender la educación de las niñas. (Foto: UNPhoto/Eskinder Debebe)

Las estimaciones conservadoras de la productividad desperdiciada debido a la violencia doméstica van del 1,2% del PIB en Brasil y Tanzania, al 2% del PIB en Chile, que es casi lo que la mayoría de los gobiernos gastan en educación primaria, es decir alrededor del 1,5%. Sin embargo, esas cifras no incluyen los costos asociados con el impacto emocional a largo plazo y con las consecuencias sobre la segunda generación.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 35% de las mujeres del mundo han sido víctimas de violencia física o sexual a manos de un compañero o de violencia sexual a manos de un extraño. Esto implica 938 millones de mujeres en esta situación, más de la cantidad de personas malnutridas del mundo y casi la población total de África.

Las mujeres que viven en la pobreza, especialmente en países pobres, generalmente se enfrentan a distintas dificultades para evitar o escapar de la violencia de género. Tienen menos independencia económica y menos vías de escape, y a menudo se enfrentan a tradicionales normas sociales que, en el mejor de los casos, ignoran las brutalidades a las que se enfrentan y a veces hasta las sancionan.

Las mujeres pueden ser víctimas de una mayor estigmatización social si buscan ayuda, y las instituciones pueden ser demasiado débiles para proporcionarles ayuda cuando la necesitan. Si se les pregunta porqué no denuncian los abusos, las mujeres de los países en desarrollo responden usualmente que creen que no las llevaría a ninguna parte.

La violencia de género fortalece la desigualdad, dice a las mujeres que valen menos que los hombres y socava su capacidad de elegir y de actuar de forma independiente. Se requiere una acción concertada, no sólo por ser una violación de los derechos humanos básicos de las mujeres, si no también por  ser un problema económico.

En algunas comunidades se interrumpe el desarrollo a causa de la violencia de género en las escuelas. Un estudio realizado en 2008 en Mozambique, por ejemplo, mostró que el 70% de las niñas dijeron saber que algunos maestros exigen tener sexo para obtener mejores calificaciones, y un 50% declararon que eran víctimas de abusos sexuales de parte de sus compañeros.

Las mujeres que sufren violencia por parte de un compañero tienen un mayor índice de absentismo en el trabajo, menor productividad y menores ganancias que las mujeres que no sufren abusos. Incluso los hombres culpables de infligir violencia en Viet Nam se ausentan más del trabajo después de un episodio violento. El miedo a la violencia, en el transporte público por ejemplo, hace que muchas mujeres no busquen trabajo.

Malala Yousafzai, la adolescente paquistaní que recibió una bala de un talibán en la cabeza por defender la educación de las niñas, dijo: "Nosotras las niñas podemos cambiar el mundo". El empoderamiento de las mujeres y de las niñas como Malala, que se ha convertido en un ícono mundial de la lucha por la igualdad de género, ha servido como motor para luchar contra la pobreza e impulsar una vida mejor para todos. Poner fin a la violencia contra la mujer y cambiar las normas culturales que la perpetúan es una tarea vital en esta ecuación.

Jeni Klugman y Matthew Morton
Equipo de Género y Desarrollo, Grupo del Banco Mundial