• Colombia: un regreso a casa aún muy lejano | Debora Barros

    04 oct 2013

    grupo de mujeres Tule en Colombia
    Al igual que los Wayuu, los Tule de Colombia también han sido víctima de discriminación y de violación de los derechos humanos, una experiencia que comparten muchas colectividades indígenas (Foto: Heger/ACNUR)

    Cuando las fuerzas rebeldes mataron a las mujeres de mi comunidad, nuestra vida cambió para siempre.

    Según las creencias de la cultura indígena Wayuu en Colombia, las mujeres son sagradas. Somos las que transmitimos el idioma, las tradiciones y la estirpe a las futuras generaciones. Matar a una madre es aniquilar la cultura y la vida de una comunidad.

    Viví mi infancia sin miedo, jugando en el desierto con mis primos y sin saber lo que era el peligro. Fueron tiempos maravillosos. Me convertí en una mujer feliz, inteligente y organizada, y fui elegida por mi comunidad para estudiar Derecho en la universidad. Cuando regresaba al pueblo durante las vacaciones, les hacía escuchar la música occidental a los miembros de mi comunidad y les explicaba sus tradiciones.

    Repentinamente, el 18 de abril de 2004, un grupo rebelde atacó mi pueblo. Violaron, decapitaron y mataron a las mujeres, haciendo explotar granadas frente a ellas. Aún me cuesta terriblemente hablar de ello. Cada vez que regresamos a nuestro pueblo destruido, lloramos como si fuera ayer. Nueve años más tarde, aún nos preguntamos por qué sucedió.

    A pesar de todo, las 102 familias de la comunidad se han mantenido sólidas y unidas. Organizaciones como el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) nos han ayudado a reivindicar nuestros derechos y a convencer a las autoridades de incluir los derechos de las víctimas en sus leyes y políticas. Ahora contamos con las herramientas y los conocimientos necesarios para ayudar a otras víctimas.

    La organización de la que formo parte, Wayuumunsurat, que significa "Mujeres tejiendo paz" en La Guajira, Colombia, denuncia la violencia doméstica, la violencia sexual y los abusos contra los derechos humanos. De hecho, hemos publicado un libro acerca de la violencia sexual, un tema considerado tabú en mi cultura.

    Ahora siento que tengo la fuerza y la confianza necesarias para defender los derechos de las víctimas. Además, cuento con el constante respaldo de mi comunidad y he sido designada para representar a las 102 familias que perdieron sus hogares, y que desean regresar a sus comunidades. La toma de cualquier decisión se realiza entre los miembros de la comunidad.

    Aunque actualmente vivimos en comunidad en el país vecino, Venezuela, no perdemos la esperanza de regresar a casa el año próximo y nos esforzamos por mantener viva nuestra cultura y nuestras tradiciones.

    Debora Barros
    Abogada y defensora de los Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos de los Pueblos Indígenas


Sobre la Autora
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Debora Barros es abogada y defensora de los Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos de los Pueblos Indígenas, denuncia las violaciones a los derechos humanos contra las minorías indígenas en Colombia.