• ¿Por qué la reducción del riesgo de desastres debería ser una prioridad en nuestra agenda de desarrollo? | Jo Scheuer

    23 sep 2013

    campesinos en Bangladesh
    En Bangladesh, los campesinos tienen ahora los recursos y capacidades para reconstruir mejor sus hogares después de una tormenta tropical, pudiendo así resistir frente a las amenazas del entorno. Foto: PNUD Bangladesh

    Un nuevo informe del Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI, por sus siglas en inglés) y el Fondo Global para la Reducción del Riesgo de Desastres (GFDRR, por sus siglas en inglés) afirma lo que muchos de nosotros ya sabíamos o sospechábamos desde hace mucho tiempo: la reducción del riesgo de desastres recibe en general menos financiamiento, éste suele estar mal dirigido y los resultados son, por lo tanto, insuficientes.

    Las cifras hablan por sí solas. Durante las dos últimas décadas se han dedicado más de US$3 billones a la ayuda al desarrollo, un monto astronómico desde cualquier punto de vista. Sin embargo, de esta astronómica suma de dinero, sólo una pequeña parte –US$13,5 mil millones– es decir un 0,4%, se ha dedicado a reducir el riesgo de desastres.

    Esta suma puede parecer una gran cantidad de dinero, pero si tenemos en cuenta que se extiende por un período de tiempo de 20 años y se divide entre numerosos países, nos damos cuenta de que la inversión anual real per cápita es muy baja.

    Además, el Informe de Evaluación Global de UNISDR 2013 establece que desde el cambio de milenio, los desastres han provocado pérdidas por un valor de cerca de US$2.500 millones en daños, perdida de productividad y programas de reconstrucción. Dada la magnitud del impacto, es chocante que estemos invirtiendo tan poco en medidas de prevención. Los autores del informe del ODI se preguntan: “¿Cuánto se podría haber ahorrado si la financiación hubiera sido el doble, el triple, o más?”. Es una pregunta pertinente, aunque frustrante.

    En el PNUD, sabemos que la reducción de riesgos de desastre funciona, y nos hemos comprometido a duplicar nuestra cartera dedicada a desastres en cinco años, además de incluir la resiliencia en todos los aspectos del desarrollo. Ya sea mediante el apoyo de programas de reforestación local para proteger a los pueblos de las inundaciones en Nepal o mediante la ampliación de la alerta temprana a las redes de telefonía móvil en la ex República Yugoslava de Macedonia, los países que han recibido apoyo sostenido y coordinado de sus socios son los que han dado pasos de gigante en la identificación y reducción del impacto de las crisis.

    El informe también pone de relieve otro problema preocupante: la comunidad internacional no dirige la ayuda a los lugares donde más se necesita, y además se distribuye sin ton ni son en lo que respecta al destino final de los fondos o a los objetivos a largo plazo. Así las cosas, el escaso apoyo dedicado a la reducción del riesgo de desastres a menudo se concentra en sólo un puñado de países, en su mayoría de ingresos medios y no necesariamente los expuestos a mayor riesgo. Esta situación merece una rectificación si queremos proteger vidas y asegurar los logros de desarrollo.

    Es obvio que hay un problema crónico en la manera en que financiamos la reducción del riesgo de desastres, y por ello seguimos despilfarrando fondos sin cesar. Esto tiene que cambiar, la financiación de la reducción del riesgo de desastres debe ser visible, reflexionada y significativa, si queremos que sea eficaz.

    Jo Scheuer
    Coordinador del equipo de Reducción de Riesgo de Desastres y Recuperación en la Oficina del PNUD para Prevención de Crisis y Recuperación.


Sobre el Autor
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Jo Scheuer es Coordinador del equipo de Reducción de Riesgo de Desastres y Recuperación en la Oficina del PNUD para Prevención de Crisis y Recuperación.

 

Biografía (en inglés)