Los conflictos han cambiado, y esto debe reflejarse en la futura agenda de desarrollo | Jordan Ryan

02 ago 2013

mujer con su niño en Somalia Residentes del campamento de Somaliland desplazadas debido a sequía o conflicto. (Foto: Stuart Price/UN Photo)

Desde la creación de las Naciones Unidas en 1945, la comunidad mundial se ha esforzado para abordar los retos relativos a los conflictos interestatales.

Ahora, en 2013, la naturaleza de los conflictos está cambiando. Actualmente, los conflictos armados que causan 1.000 o más muertes anuales han disminuido drásticamente. Más de 526.000 personas aún mueren por medios violentos cada año, pero la mayoría de estas muertes responden a conflictos internos, y no a guerras entre países.

Nuevas formas de conflictos violentos han reemplazado las guerras tradicionales. Algunos ejemplos son la violencia intercomunitaria, como la ocurrida en la República Democrática del Congo, Somalia y Siria, y la violencia relacionada con la delincuencia, tan frecuente en distintitas partes de América Latina y el Caribe. Hoy, por cada muerte ocurrida en una guerra reconocida, nueve personas pierden la vida en manos de delincuentes y pandillas violentas.

Esta forma de violencia entorpece los esfuerzos para luchar contra la pobreza, hace mella en las comunidades y expone a mujeres y niñas a numerosos abusos.

Ahora que los líderes mundiales se están preparando para debatir el contenido de la nueva agenda mundial que reemplazará los Objetivos de Desarrollo del Milenio a partir de 2015, reconocer la naturaleza cambiante de los conflictos y entender la violencia armada como un obstáculo para el desarrollo se han convertido en prioridades primordiales.

Abordar estas prioridades requiere crear instituciones capaces de hacer frente de forma efectiva a las pandillas callejeras, al tráfico de armas y a la violencia por razón de género.

Debemos ayudar a los estados a proteger a sus ciudadanos, a garantizar un sistema de justicia justo y transparente, y a abordar las problemáticas relacionadas con la subsistencia, la reconciliación, la exclusión social, la seguridad y el estado de derecho.

Debemos ayudar a los países a invertir en mejores sistemas de control que permitan predecir los actos violentos con suficiente antelación y, así, poder desempeñar un buen trabajo de prevención. Asimismo, existe la necesidad de fortalecer las capacidades nacionales en materia de reconciliación y búsqueda de soluciones, para ofrecer a los jóvenes alternativas viables que los alejen de la delincuencia.

Además, necesitamos transformar los procesos tradicionales de consolidación de la paz. Los tradicionales acuerdos de paz entre grupos elitistas, que excluyen a mujeres y grupos vulnerables, o que no abordan las causas subyacentes al conflicto, están destinados al fracaso.

Sorprendentemente, hemos reducido de forma significativa el número de guerras entre estados. Ahora, necesitamos actuar con la misma dedicación y firmeza para avanzar hacia un mundo libre de otro tipo de violencia y conflictos: un planeta donde no exista el miedo, la pobreza ni las desigualdades.

Jordan Ryan
Director de la Oficina de Prevención y Crisis y Recuperación del PNUD

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