• La futura seguridad en Afganistán depende del desarrollo | Ajay Chhibber

    11 jul 2013

    dos hombres construyendo una carretera en Afganistán
    Construidas con el apoyo del PNUD en Afganistán, 1,400 kilometros de carreteras conectan 4.600 aldeas ofreciendo acceso al mercado a 4 millones de personas. (Foto: PNUD Afganistán)

    Las negociaciones con los talibanes que se hicieron públicas recientemente y la reacción del Presidente Karzai han situado a Afganistán en el punto de mira. La preocupación por la seguridad se ha intensificado.

    Sin embargo, hay otros asuntos, como la subsistencia y la garantía de los servicios básicos, como el agua, las carreteras, la electricidad, la justicia y el estado de derecho, que son igualmente importantes. La atención a estas prioridades determinará la reacción de los afganos ante la transformación de la escena política y de la gestión de la seguridad.

    A pesar de las tristes noticias que nos llegan desde Afganistán, el panorama no es tan negativo. Más de dos millones de niños y niñas van a la escuela diariamente; la conectividad es hoy más eficiente, y el país cuenta con más de 14 millones de usuarios de teléfonos móviles; los sistemas presupuestarios han mejorado, tanto a nivel nacional como municipal, con el objetivo de garantizar el suministro de los servicios públicos y la rendición de cuentas. Sin embargo, el país todavía se enfrenta a numerosos retos.

    La posibilidad de una caída en picado de las ayudas después de 2014 es una de las principales preocupaciones. Un pacto acordado en Tokio comprometió una inversión anual de 4.000 millones de dólares en asistencia humanitaria en Afganistán, pero tan solo se ha desembolsado el 50% de la cifra acordada.

    El problema yace, en parte, en la inexperiencia de las instituciones locales para gestionar eficientemente esta ayuda. Así pues, existe la necesidad de formar al gobierno local.

    Asimismo, las olas de refugiados que regresan del extranjero y los habitantes de las zonas rurales que se trasladan a la capital hacen de Kabul la ciudad que crece al ritmo más trepidante del mundo. Ahora bien, la vulnerabilidad de una población creciente también genera inseguridad: sin empleos, la seguridad es una quimera.

    La prioridad se ha situado en crear y fortalecer las fuerzas afganas de seguridad, y no en el fortalecimiento de la justicia o del estado de derecho. La situación es especialmente crítica en zonas remotas o aisladas, donde los talibanes aplican una especie de justicia salvaje e instantánea.

    A la luz de este contexto, es evidente que el Fondo Fiduciario para el orden público en el Afganistán debe emplearse, no solo con el propósito de garantizar el orden público, sino también para crear infraestructura para la disposición de leyes.

    El curso de las elecciones presidenciales, parlamentarias y locales de 2014 determinará si el país está sumido en una transformación verdadera. La gente necesita ver un sistema electoral que gestione unas elecciones razonablemente limpias y que sea capaz de salir ileso de todas las pruebas a las que se enfrentará.

    Si Afganistán supera todos estos retos, logrará un mayor progreso económico y de desarrollo social, además de una mejor gestión de la seguridad.

    Ajay Chhibber
    Subsecretario General de las Naciones Unidas, Administrador Auxiliar del PNUD y Director Regional para Asia y el Pacífico


Sobre el Autor
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Ajay Chhibber es Subsecretario General de las Naciones Unidas, Administrador Auxiliar del PNUD y Director Regional para Asia y el Pacífico

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