• Sigamos el ejemplo de Aqaba para la urbanización y reducción de riesgos |
    Jo Scheuer

    03 jul 2013

    panorámica de edificios de una ciudad
    Ciudades como Dhaka, en Bangladesh, se están urbanizando rápidamente y deben estar preparadas para asegurar que son resistentes a amenazas naturales (Foto: Kibae Parque/UN Photo)

    Por primera vez en la historia, la mayoría de la población mundial es urbana y se espera que la cifra siga en aumento. No se trata de algo malo necesariamente; las grandes ciudades pueden ofrecer muchos beneficios, especialmente cuando se prioriza la planificación urbanística.

    Sin embargo, las ciudades plantean desafíos cuando el crecimiento urbanístico es rápido y carece de planificación y gestión.

    Dichos desafíos incluyen el problema de la alta densidad demográfica, los métodos de construcción sin regulación e inseguros, la degradación ambiental, y las redes de suministro de agua y alcantarillado inadecuadas. La falta de planificación puede generar vulnerabilidades y agravar las consecuencias de las catástrofes naturales en las poblaciones densas.

    Cuando una ciudad no se rige por normas de construcción, por ejemplo, corre el riesgo de sufrir grandes pérdidas con los terremotos; los sistemas de alcantarillado deficientes pueden causar inundaciones y enfermedades; si no se respetan las riberas y se hace caso omiso al cambio climático se puede exponer a la población a graves fenómenos climáticos.

    La Declaración de Aqaba advierte que más del 56 por ciento de la población árabe vive en zonas urbanas. En una región que se está urbanizando, garantizar que las ciudades sean más resistentes a las amenazas naturales constituye una prioridad. El PNUD recomienda medidas que se pueden tomar para abordar las vulnerabilidades de las ciudades: desde desarrollar e imponer los códigos de construcción pertinentes, hasta definir las funciones y responsabilidades de las principales autoridades en caso de que ocurra una catástrofe.

    El mensaje que se transmite es que las ciudades deben ser participativas, conscientes, proactivas y estar preparadas.

    Por supuesto que las ciudades, por naturaleza, son dinámicas y evolucionan. La administración municipal confirma cuán difícil es solucionar los problemas arraigados que son resultado de décadas de descuido; pero es posible detener este patrón y construir ciudades resistentes.

    En virtud de la Declaración de Aqaba, las ciudades en la región árabe se han comprometido a crear oficinas locales para la reducción de catástrofes; realizar evaluaciones de riesgos; capacitar a voluntarios; y establecer sistemas de alerta temprana. Celebramos estas decisiones y apoyaremos, mediante nuestros equipos regionales y de país, cada una de las iniciativas lanzadas en esta dirección.

    En Aqaba, hace ya muchos años que una de las prioridades del PNUD es la aplicación de medidas para la reducción de riesgos; y fue mediante una evaluación de los riesgos de catástrofe sísmica, llevada a cabo en cooperación con la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, que creamos la Unidad para la Gestión de Riesgos en Aqaba. Nos complació enormemente ver cómo UNISDR, en el contexto de su campaña de promoción de ciudades resistentes, reconoció Aqaba como la primera Ciudad Modelo en Reducción del Riesgo de Desastres de la región árabe.

    Si miramos más allá de 2015, a medida que lidiamos con los factores ambientales, sociales y económicos que obstaculizan el desarrollo, debemos reconocer también los riesgos vinculados a la urbanización y seguir el ejemplo de Aqaba, una ciudad que los aborda frontalmente.

    Jo Scheuer
    Coordinador del equipo de Reducción de Riesgo de Desastres y Recuperación en la Oficina del PNUD para Prevención de Crisis y Recuperación.