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Debemos repensar el papel de la ayuda para una nueva época | Jonathan Glennie

29 may 2013

Colombia Colombia es un ejemplo de país de ingresos medios, muchos de los cuales se enfrentan a retos para asegurar su crecimiento continuo. (Foto: PNUD)

La naturaleza de la cooperación internacional para el desarrollo está cambiando rápidamente.

Es momento de pensar con mayor detenimiento acerca del modo en que la "ayuda" tradicional, o asistencia oficial para el desarrollo, se enmarca en la nueva realidad.

Los países que se han incorporado recientemente al nivel de ingresos medianos están cobrando la atención internacional, proporcionando cooperación "horizontal" o "Sur-Sur" a otros países en desarrollo.

Sin embargo, cuentan con la mayor parte de los pobres del mundo, de modo que también necesitan apoyo. Esta es una "historia conocida" —para usar una expresión de Donald Rumsfeld— en medio de una gran incertidumbre.

Las "incógnitas conocidas" son las cosas que sabemos que aún no comprendemos plenamente, como la cambiante geografía del poder y la pobreza.

¿Seguirán aumentando los países de ingresos medianos? En el pasado, algunos volvieron a la condición de países de bajos ingresos cuando se presentaron las crisis.

¿Podría presentarse una nueva "trampa de ingresos medios", en que los países se vean obligados a rebajar los salarios para competir, dificultando así el paso a una producción de mayor valor? En su famosa cita, Rumsfeld decidió no mencionar las "historias desconocidas"; es decir, las cosas que creemos saber, pero sobre las cuales estamos equivocados.

Estas incluyen aspectos clave del modelo de desarrollo dominante (neoliberal), que se encuentra más amenazado que nunca, como por ejemplo, la función del sector privado, la importancia del desarrollo agrícola, la regulación de los mercados financieros y las inversiones extranjeras.

Como el futuro del desarrollo no es claro, es más difícil aplicar estrategias de éxito. En este contexto, debemos atenernos a lo que sabemos a ciencia cierta.

En primer lugar, debemos encontrar una vía para el crecimiento y el desarrollo que no cause daño irreparable al planeta.

En segundo lugar, en muchos países continuará la pobreza generalizada, tal vez incluso la pobreza extrema. Debemos insistir en que esos países garanticen mucho más que los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

Tercero, la cooperación para el desarrollo, incluida la ayuda financiera, puede tener una positiva influencia incluso en países que no dependan de ella. El dinero público pueden desempeñar un papel decisivo como complemento de la mucho mayor oferta de capital privado en el futuro.

Pero, ¿cómo? Para responder esta pregunta necesitamos con urgencia más investigación y debate. Es hora de transformar nuestra comprensión de la cooperación para el desarrollo financiero con miras a una nueva época.

Jonathan Glennie
Investigador en el Centro de Ayuda y Gasto Público (CAPE) en el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI).

* Las opiniones expresadas son las del autor y no representan necesariamente los puntos de vista del PNUD