• La tragedia de Bangladesh pone de relieve la necesidad de garantizar una globalización responsable | Ajay Chhibber

    28 may 2013

    una mujer tejiendo
    En Bangladesh, Comités de Desarrollo Comunitario locales apoyados por el PNUD ayudan a personas a establecer pequeños negocios, como tejer en un telar manual tradicional. (Foto: PNUD Bangladesh)

    En la medida en que, en el fragor de una competencia desenfrenada, el capital cambia de lugar a fin de encontrar los lugares con los menores costos de producción, la globalización muestra al mundo su lado oscuro a través de las terribles imágenes del trágico derrumbe de la fábrica de textiles de Bangladesh.

    Los reglamentos y normas deficientes están muy extendidos entre los talleres textiles de todo el mundo en desarrollo. Los consumidores de artículos de marcas reconocidas se sienten protegidos por el hecho de que desconocen las condiciones de trabajo que sustentan la producción a bajo precio de los artículos que consumen.

    La tragedia de Bangladesh demuestra lo costoso que es pasar por alto las normas de seguridad y las que rigen las condiciones de trabajo, como cuando miles de personas trabajan hacinadas en edificios inseguros con el fin de reducir los costos y aumentar las ganancias. Hoy, el gobierno está ponderando la posibilidad de permitir la sindicalización y aumentar el salario mínimo.

    Para miles de mujeres en Bangladesh, el trabajo en los talleres textiles se convirtió en una vía para escapar de la pobreza rural, tal como sucede en muchas otras partes del mundo en desarrollo. Pero, ¿no estamos en capacidad de garantizar un mínimo de seguridad y condiciones de trabajo decentes para esos trabajadores? Unos pocos centavos más por la ropa que compramos en las lujosas tiendas por departamentos es un precio que vale la pena pagar por quienes murieron en Bangladesh y por los millones de personas que laboran en condiciones deplorables en fábricas similares en todo el mundo.

    El vertimiento de contaminantes químicos y las condiciones de trabajo peligrosas y sin protección son un problema frecuente, y demuestran una total indiferencia por la salud de los trabajadores y de las personas que viven en las comunidades vecinas a las fábricas. La mayoría de los principales sistemas fluviales en el mundo en desarrollo están tan contaminados que sus aguas no son aptas para el consumo. Las posibilidades de encausar a los dueños de las fábricas por violar las reglamentaciones ambientales son bajas; e incluso si los atrapan, a menudo pueden salir con una pequeña multa o un soborno.

    La globalización no es sólo cuestión de encontrar el lugar del mundo con los más bajos costos de producción y la regulación más deficiente para producir mercancías, y declarar entonces que se está creando empleo. La muerte de los trabajadores de Bangladesh debe hacernos abrir los ojos a la urgente necesidad de una globalización más responsable, a la necesidad de un modelo de capitalismo que no procure sólo menos regulación sino más bien la regulación adecuada en la medida apropiada, sea esta financiera, laboral, ambiental o de seguridad.

    Ajay Chhibber
    Subsecretario General de las Naciones Unidas, Administrador Auxiliar del PNUD y Director de la Dirección Regional de Asia y el Pacífico