• Es momento de regular mejor el comercio internacional de armas | Jordan Ryan

    25 mar 2013

    Armería en Kinshasa, República Democrática del Congo
    La regulación de armas pequeñas y ligeras en la RD del Congo contribuye a una mayor transparencia y la profesionalización del sector de la seguridad pública. (Foto: José Moura)

    En gran medida, gracias a los esfuerzos realizados por organizaciones como las Naciones Unidas, las guerras entre países han disminuido en la actualidad, en comparación con otros momentos de la historia.

    Todavía existen tensiones, como por ejemplo entre Pakistán e India, y entre Corea del Norte y Corea del Sur, pero los conflictos intensos, como aquellos que causaban más de mil muertes por año, se redujeron a la mitad entre 1980 y 2000, y continúan disminuyendo.

    Pero aún no debemos cantar victoria.

    Mientras los países participantes se reúnen en Nueva York para acordar un Tratado Internacional sobre Comercio de Armas, la amplia disponibilidad armamentista se ha convertido en un factor determinante a la hora de cometer abusos desmesurados y de generar sufrimiento a millones de personas. Más de medio millón de personas son asesinadas de forma violenta cada año

    A medida que disminuyen las guerras tradicionales entre naciones, emergen nuevos modelos de violencia: por cada víctima de una guerra declarada, hay nueve muertos a causa de hechos perpetrados por pandillas o por el crimen organizado. Este tipo de conflictos se genera debido a un mercado de armas internacional que crece en forma desmesurada.

    La comunidad internacional necesita adoptar otro punto de vista para enfrentar estos desafíos: no sólo consolidando la paz y garantizando la seguridad de los ciudadanos, sino también controlando el comercio armamentista.

    Es necesario enmendar las fisuras existentes. Se requiere imperiosamente un tratado que regule todos los tipos de tráfico de armas, como compraventa de partes y municiones, préstamos, alquileres, donaciones y acuerdos de cooperación en defensa. Los gobiernos que podrían utilizar armas para cometer abusos contra los derechos humanos no deberían poder comprarlas y, en caso de hacerlo, deberían someterse a una investigación en el ámbito nacional, para verificar sus antecedentes.

    He comprobado personalmente en países como Vietnam o Liberia, que los conflictos dificultan el desarrollo, en ocasiones durante décadas. Los datos son evidentes: la falta de control de los armamentos de guerra genera conflictos y es probable que muchos países que atraviesan episodios de violencia no alcancen los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados para el inminente año 2015.

    En épocas de una prosperidad sin precedentes entre las naciones, es irónico que muchos países en vías de desarrollo prefieran vivir a la sombra de una Kalashnikov, simplemente porque muchas personas ya tienen una.

    Ha llegado la hora de forjar un acuerdo que permita plantear las bases de un tratado internacional para controlar este terrible comercio.

    Jordan Ryan
    Secretario General Adjunto y Director de la Oficina de Prevención de Crisis y Recuperación del PNUD