• Optimismo en el campo de la lucha contra la corrupción | Magdy Martínez-Soliman

    07 nov 2012

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    Luchar contra la corrupción es tarea de todos. FOTO: Kenny Miller/Creative Commons

    La corrupción tiene un costo anual estimado de más de 5% del PIB mundial (US$ 2,6 billones). Pero su costo en términos de dignidad es incalculable. La captación de renta y el clientelismo generalizados tienen el poder de socavar la democracia y los derechos de las comunidades, especialmente de aquellas que viven en las tierras de sus antepasados, sobre recursos minerales o rodeadas del patrimonio mundial. Estas comunidades pueden ser objeto de explotación por parte de empresas o grupos de interés que presionan para que se soslayen o evadan las salvaguardas ambientales y sociales.

    Los sonados casos de corrupción y la publicación de recursos perdidos de manera ilícita tientan a muchos a pensar que se ha perdido la lucha contra la corrupción. Por otro lado, los organismos débiles de lucha contra la corrupción, las instituciones porosas y el opaco financiamiento de los partidos políticos hacen un flaco servicio al combate contra la corrupción. No obstante, quiero argumentar que no hay que perder la esperanza; más bien mantener un cauteloso optimismo, por las razones siguientes.

    En primer lugar, incluso en un contexto de persistentes lagunas en la aplicación y práctica de la ley, con el paso de los años han aumentado en número y renombre los instrumentos mundiales e iniciativas internacionales. Desde las convenciones diplomáticas internacionales, pasando por los nuevos instrumentos, hasta los ciudadanos armados con teléfonos celulares, la lucha contra la corrupción es hoy asunto de todos.

    En segundo lugar, la corrupción ha sido claramente identificada como una deficiencia en la gestión pública y un desafío para el desarrollo, y esto ha logrado unir a las fuerzas que trabajan por los valores democráticos y el progreso de la humanidad.

    Mi tercera expectativa reside en la acción y movilización ciudadanas, que son prueba de un aumento de la intolerancia ante la corrupción y la impunidad. La tecnología está transformando la esfera de la transparencia, y las personas pueden denunciar los malos tratos fácilmente a la población a través de diversos canales de comunicación, de manera gratuita o a bajo costo, y a alta velocidad.

    Pero el optimismo por sí solo no es una receta para el éxito. Es un ingrediente de motivación política que debe venir acompañado de trabajo. Promover la rendición de cuentas, la transparencia y la lucha contra la corrupción no es tan solo lo correcto, sino el ingrediente clave para el desarrollo eficaz.

    Magdy Martínez-Soliman
    Director Adjunto de la Oficina de Políticas de Desarrollo del PNUD

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