• ¿Es el final de las municiones en racimo? | Neil Buhne

    14 sep 2012

    Bomba de racimo en el monumento a los caídos en Seúl, República de Corea. Foto: Aaron Hartwell
    Bomba de racimo en el monumento a los caídos en Seúl, República de Corea. Foto: Aaron Hartwell

    Recuerdo haber oído hablar por primera vez sobre "municiones en racimo" cuando trabajé en Pakistán a principios de la década de los 90; ver a unos niños afganos heridos que habían recogido una y como consecuencia habían perdido un brazo o la vista. Las municiones en racimo destruyen vidas en demasiados países, muy a menudo vidas de niños. Han matado a miles de civiles y siguen siendo una amenaza, porque por lo general se utilizan en zonas pobladas. 

    Según un informe reciente (.pdf en inglés) aproximadamente 94% de las víctimas son civiles y, como estas armas tienden a presentar fallos, el peligro permanece latente durante muchos años, matando y mutilando "con eficiencia" largo tiempo después de terminado el conflicto. Después que se lanzan, las bombas en racimo sin explotar impiden el acceso a terrenos que podrían usarse para la agricultura y el desarrollo, y el eliminarlas resulta muy costoso.

    La semana pasada estuve en Oslo, donde se reunieron diversos estados, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales en la Tercera Reunión de los Estados Partes en la Convención sobre Municiones en Racimo. Los noruegos, determinantes en el desarrollo de la Convención y comprometidos con la causa, fueron excelentes anfitriones. Para mí fue una de esas ocasiones en las que se aprecia que ¡nuestro trabajo realmente vale la pena!

    La Convención, que el PNUD ayudó a redactar, pretende poner fin a la tragedia de los accidentes causados por las municiones en racimo prohibiendo su uso, almacenamiento, transferencia, fabricación y producción. Quedó abierta para la firma en diciembre de 2008 y, hasta la fecha, 111 Estados la han firmado y 75 países la han ratificado o han aceptado sus condiciones.

    Hasta el momento la Convención ha sido un éxito. El pasado martes, la Coalición contra las Municiones en Racimo publicó su informe anual de seguimiento, en que se detallan los enormes avances realizados en la destrucción de reservas de municiones en racimo, así como nuevos métodos de remoción que harán más rápida la limpieza de las zonas contaminadas. Quizás lo más importante sea que ahora cualquier país acusado de usar municiones en racimo, enfrenta la estigmatización.

    Pero se trata de un proceso en curso. Grandes partes del mundo siguen contaminadas, y sigue muriendo gente. Todavía quedan 30 países afectados por las municiones en racimo por firmar la Convención, entre ellos 17 naciones productoras.

    Todavía queda mucho por hacer para el PNUD y otras organizaciones comprometidas con la eliminación de este flagelo. Seguiremos trabajando en esta esfera, pues esto ayuda a las personas a recuperarse de situaciones de conflicto y, lo más importante, porque salva vidas y evita que sean destruidas por estas armas.

    Neil Buhne
    Director de la Dirección de Prevención de Crisis y Recuperación en la Oficina de Enlace de Ginebra del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas.

    Cuéntanos: ¿Qué se puede hacer para convencer a más países para que firmen la Convención sobre Municiones en Racimo?


Sobre el Autor
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Neil Buhne es Director de la Dirección de Prevención de Crisis y Recuperación en la Oficina de Enlace de Ginebra del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas.

 

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