• Tras la Conferencia de la ONU sobre armas pequeñas, ¿qué se necesita para reducir la violencia? | Jordan Ryan

    10 sep 2012

    Un niño sostiene balas recogidas del suelo en Rounyn, al Norte de Darfur (Foto: UNAMID/Albert Gonzalez Farran)
    Un niño sostiene balas recogidas del suelo en Rounyn, al Norte de Darfur (Foto: UNAMID/Albert Gonzalez Farran)

    No es necesario ir muy lejos para ver el impacto de la violencia armada. Alcanza con mirar las noticias.

    Hace dos semanas, en Nueva York sonaron disparos en el edificio Empire State cuando la policía intentó detener a alguien que tenía un arma ilegal en un área colmada de gente. Dos personas murieron y nueve sufrieron heridas.

    El año pasado, en México, se registraron más de 12.000 asesinatos relacionados con las drogas. En el mundo hay en promedio una muerte por minuto causada por armas de fuego, y 1,5 mil millones de personas viven en países afectados por conflictos o altas tasas de crímenes violentos. Esto no solo sucede en países en situación de conflicto; las tasas más altas de muertes causadas por el uso delictivo de las armas se registran en países “pacíficos”. La violencia armada desestabiliza gobiernos legítimos y exacerba la pobreza. Para el PNUD, la violencia armada es un asunto que concierne al desarrollo. 

    El viernes 7 de septiembre concluyó en Nueva York una conferencia sobre el control del tráfico ilícito de armas pequeñas. Los estados que participaron revisaron la implementación del Programa de Acción sobre Armas Pequeñas y Ligeras, un compromiso político entre los Estados Miembros de la ONU. La conferencia culminó con México y otros países afectados exhortando a la comunidad internacional a fortalecer el compromiso de reducir la circulación de armas ilícitas a nivel mundial. Sin embargo, aún persiste la resistencia de algunos países que mantienen grandes industrias de armamentos.

    Es importante imponer medidas más estrictas para eliminar las armas ilícitas, tales como controles rigurosos a las exportaciones y recolección de armas ilícitas, pero las mismas se deben considerar solo parte de la solución.

    También debemos abordar las razones por las cuales las armas de fuego llegan a las manos de la población civil. La experiencia demuestra que las medidas nacionales para controlar las armas deben estar acompañadas por acciones locales para abordar la demanda de armas. 

    Los éxitos del PNUD para promover la paz suceden a nivel local, cuando la policía, los gobiernos locales y la sociedad civil trabajan juntos. Las medidas para mejorar el sector justicia; aumentar las resoluciones pacíficas de las disputas; generar medios de sustento; y hacer que los servicios gubernamentales estén más sujetos a rendición de cuentas; todo ello mejora la seguridad.

    Cuando se unan los gobiernos nacionales y las comunidades para controlar las armas pequeñas y abordar el vínculo entre la violencia armada y el desarrollo, y tengan respaldo internacional, es cuando se comenzaremos a observar una disminución en los tasas de muertes.

    Jordan Ryan
    Secretario General Adjunto y Director de la Oficina de Prevención de Crisis y Recuperación del PNUD

    Cuéntanos: ¿cómo puede la reducción de violencia armada contribuir al desarrollo?