• A una semana de Rio+20 ¿Cuales son las medidas del éxito? | Nils Boesen

    15 jun 2012

    Dos hombres durante la construcción de una casa en Haití
    La movilización comunitaria y el enfoque participativo en Haití involucra a las personas en el desarrollo del país. Foto: PNUD en Haití

    Nos encontramos en medio de un cambio tectónico: desde la Segunda Guerra Mundial se está dando paso a un sistema muy diferente, con nuevos centros de poder.

    Sin embargo, a pesar de lo que se puede leer frecuentemente, esto no sólo está ocurriendo mediante el nuevo protagonismo adquirido por naciones y economías emergentes. A pesar de su importancia, que la tiene, estamos ante algo más que la bienvenida llegada de los “BRICS” — Brasil, Rusia, India y China— a la primera línea de la economía mundial.

    Esta profunda transformación tectónica tiene que ver con el desplazamiento de los estados-nación de su posición dominante y su sustitución por un conjunto de protagonistas mucho más diversos, complejos, excitantes y multifacéticos que ejercen su influencia (a diferencia de la simple gobernación) sobre las direcciones del cambio.

    Pensemos, por ejemplo, en la sociedad civil conectándose y utilizando las redes sociales.

    Pensemos en las corporaciones globales haciendo lo mismo y desarrollando nuevos enfoques de responsabilidad social corporativa que van mucho más allá de meros arreglos cosméticos.

    Pensemos en las universidades y think tanks activamente implicados en fomentar la innovación, bien sea social, tecnológica o de los procesos de gestión.

    Y, por último, aunque no por ello menos importante, pensemos en las ciudades (y quizás, incluso, en ciudades-estado como competidoras/alternativas/complemento a los estados-nación) con su increíble masa de energía, fuerza y recursos, y en cómo están abordando los retos del desarrollo sostenible, casi por defecto, a lo largo y ancho del espectro social, económico, ambiental y tecnológico.

    Con tal cantidad de agentes, intereses y energías no es, por tanto, sorprendente que los líderes de los gobiernos tengan tanta dificultad en crear un documento final breve, conciso y ejecutable que sirva de conclusión para la Conferencia Río+20.

    Pero el futuro que deseamos es el futuro que creamos entre la multitud de partes interesadas que actuamos, a menudo en solitario, a menudo aisladas, a menudo en silos. Precisamente lo que hace Río+20 es unir todas estas corrientes y grupos de interés. El documento final no va a evitar que lo hagamos, pero tampoco hará, por sí mismo, que eso suceda.

    El criterio para que Río+20 se considere un éxito no es sólo el documento final, aunque éste sea importante. Lo verdaderamente crucial son las ideas y aspiraciones, los contactos y el seguimiento de los compromisos concretos que hayamos adquirido, o vayamos adquiriendo, durante la próxima semana y en un futuro. 

    Nils Boesen
    Director del Grupo de Desarrollo de Capacidades del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas.