• El epicentro de una crisis

    09 ago 2011

    Desplazados reciben alimento en Somalia. Foto: OCHA/Abdi Noor Yussuf
    Desplazados reciben alimentos en Somalia Foto: OCHA/Abdi Noor Yussuf

    Casi dos millones de somalíes han abandonado sus hogares en busca de comida y decenas de miles han muerto de hambre. Y las cifras siguen aumentado.

    Pude visitar Dollow, localidad somalí en la frontera con Etiopía, para ver con mis propios ojos lo que estaba sucediendo. Lo que vi y oí fue desgarrador.

    Cada día llegan cerca de 150 familias, y todas ellas cuentan la misma historia: se estaban quedando sin recursos y sabían que no podrían sobrevivir por mucho más tiempo. Habían caminado durante tres a cuatro semanas, muy débiles, para sobrevivir, muchas veces teniendo que dejar a sus familiares,

    Al regreso de mi viaje comenzamos a recopilar información y los últimos datos recibidos son sobrecogedores. En algunas áreas, más del 50% de los niños están en la categoría de extrema desnutrición, porcentaje sin precedentes en ninguna parte del mundo.

    Las cifras de mortalidad resultaron igualmente sombrías: de cada 10.000 niños, entre cuatro y cinco niños menores de cinco años mueren cada día.

    La decisión de declarar el estado de hambruna no fue tomada a la ligera y demuestra la gravedad y la urgencia de la crisis. Incluso se solicitó a los Centros de Control de Enfermedades de los Estados Unidos que validara estos datos.

    En las próximas semanas, otras áreas del sur de Somalia desembocarán en las mismas penurias y más familias deberán trasladarse para encontrar ayuda. Estimamos que de los 3,7 millones de personas que necesitan asistencia, 2,8 millones se encuentran en las áreas del sur, las más afectadas por la hambruna.

    Existen algunas lecciones que podemos extraer de esta tragedia. Necesitamos comprender mejor de qué manera años de conflictos, junto con patrones climáticos variables, generan tal vulnerabilidad que, ante impactos relativamente pequeños, las consecuencias resultan ser catastróficas.

    Si esta visión fuera compartida por los donantes internacionales, podríamos contar con los recursos para responder mejor, más rápidamente y de modo más efectivo para mitigar la hambruna, e incluso impedirla.

    Además de combatir el hambre, también debemos reconstruir la destrozada economía agrícola, para ayudar a las personas a que puedan enfrentar condiciones de hambruna recurrentes.

    No obstante, si no contamos con los fondos necesarios, la comunidad humanitaria y de desarrollo estará peleando una batalla perdida. Debemos aumentar la ayuda en Somalia para salvar decenas de miles de vidas.

    Esta es la cruda realidad a la que nos enfrentamos al traducir las estadísticas en acción.

    Mark Bowden
    Coordinador Humanitario y Residente de la ONU
    Representante Residente del PNUD en Somalia

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Acerca del autor
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Mark Bowden es Coordinador Humanitario y Residente de la ONU y el Representante Residente del PNUD en Somalia.

El PNUD en Somalia

 

Puedes realizar tu donación a través del Fondo de Ayuda de Emergencias de la Fundación de las Naciones Unidas, quien proporciona una rápida respuesta y asistencia a las víctimas de desastres humanitarios en todo el mundo.

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