Magdy Martínez-Solimán: “La infancia en la Agenda 2030, un compromiso con la sostenibilidad y la equidad”

13-sep-2017

IV CONGRESO “CIUDADES AMIGAS DE LA INFANCIA”
MADRID, ESPAÑA
CaixaForum

Muchas gracias por la invitación a participar hoy en este importante debate.

Mi intervención se va a estructurar en tres puntos: la agenda 2030 y su relación con la infancia a través de la equidad y la sostenibilidad, el trabajo de las Naciones Unidas centrado en torno a los Objetivos de Desarrollo y la necesidad de construcción de una ciudadanía global.

La agenda 2030 es una agenda para el mundo que queremos, ahora y en el futuro. Es una agenda reformista, transformadora, de cambio, para la población, nuestro planeta, nuestra prosperidad compartida y para la paz.

Es una agenda de oportunidades y de igualdad, que imagina como los inmensos recursos de la tierra y de nuestra inteligencia pueden ser puestos al servicio de un nuevo ideario de bienestar sin sacrificar los derechos de las generaciones futuras.

Esto requiere Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes con mesura, con respeto y con imaginación. Requiere abandonar la codicia y el cortoplacismo para abrazar una perspectiva más generosa y solidaria. Desde este momento ya estamos hablando de una agenda para nuestros niños y niñas y para los que vendrán.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 reflejan una especial preocupación por los más vulnerables en nuestras sociedades. El imperativo de “no dejar a nadie atrásy su principio operativo de “llegar primero a los más rezagados nos recuerda nuestra obligación de tener especialmente en cuenta a aquellos que carecen en la práctica de derechos, no pueden hablar por sí mismos, sufren múltiples formas de discriminación, o simplemente lo tienen más difícil en la vida.

Los derechos de la infancia son un barómetro fidedigno del bienestar de cada sociedad. Ningun país es excelente en el que las necesidades de los niños están descuidadas. Y vice-versa: los países donde los derechos de niños y niñas se respetan y protegen suelen ser sociedades con altos grados de cohesión. No hay secretos: quienes invierten en nutrición, protección social, educación de calidad, salud universal, seguridad ciudadana, convivencia pacífica y sostenibilidad ambiental proporcionan a sus ciudadanos, y sobre todo a los niños, adolescentes y jóvenes, un entorno en el que pueden desarrollar sus vidas, libres de miedo y de pobreza. Donde hay escuela en condiciones, profesorado cualificado, salud pública y alimentación suficiente, donde hay protección de los conflictos y amparo frente a la violencia, hay una sociedad y una infancia mejores.

Desgraciadamente, la realidad diaria para muchos niños alrededor del mundo es muy diferente. Muchos viven en zonas en guerra, en entornos frágiles o vulnerables. Por ejemplo, en Libia, Siria, Iraq, Yemen o los territorios ocupados de Palestina, en las naciones más pobres del Sahel en África occidental y central, la infancia está en riesgo de nunca conocer sus derechos.  Son las primeras víctimas del hambre y la desnutrición, del mal funcionamiento o de la inexistencia de los sistemas sanitarios, de la falta de medicamentos, y de la ausencia o escasez de las oportunidades educativas. Su futuro es el de una agricultura hambrienta, de la infravivienda urbana en las megalópolis de sus países, y del subempleo crónico que abre la trampa de la pobreza transmitida de generación en generación, sin esperanza de movilidad social.

En el extremo del sufrimiento y del robo de la infancia están los niños introducidos en los conflictos como niños soldados, miembros de bandas criminales o adoctrinados de grupos terroristas y del extremismo violento, sirvientas infantiles de los mercenarios y cosas peores.

En su último Informe sobre Niños en Conflictos Armados, el Secretario General urgió a los Estados Miembros a tratar a los niños asociados con grupos armados no estatales principalmente como víctimas del reclutamiento, y a adoptar rápidamente protocolos para su traspaso a actores de protección infantil. El problema ha adquirido la escalofriante característica de una táctica militar, como la violencia contra las mujeres o el daño causado intencionadamente a poblaciones civiles indefensas y a trabajadores humanitarios.  

Los niños no sufren solo en las zonas de guerra o en situaciones donde la violencia ha alcanzado el nivel de epidemia social. También en las sociedades pacíficas vivimos la aberración de ver como niños son víctimas de la trata, de la explotación sexual y del trabajo infantil, cercano a la servidumbre. Por estas razones, el ODS 16 sobre sociedades pacíficas, justas e inclusivas incluye una meta específica sobre el abuso, la explotación, la trata y todo tipo de violencia contra los niños. El Objetivo 8 sobre crecimiento económico, empleo y trabajo decente incluye una meta para eliminar el trabajo infantil en todas sus formas antes del 2025 y el Objetivo 2 sobre la seguridad alimentaria aborda la desnutrición infantil y el hambre.

Estos desafíos globales también justifican la globalidad de las respuestas. La nueva agenda de desarrollo no solo compromete a los países en desarrollo. Es una agenda universal, que propone el bienestar de todas las personas y niños, en todos los países y regiones del mundo. Algunos de los problemas que he citado se dan con mucha menor intensidad en nuestros países ricos. Pero no estamos exentos – y nuestra acción internacional nos obliga a apoyar a quienes no han conseguido alcanzar los umbrales mínimos de bienestar para su población infantil.

Lo curioso de esta agenda, comparada con la Resolución sobre el Derecho al Desarrollo de mediados de los 80’ y los Objetivos del Milenio del 2000, es que está basada, inspirada y constituye una aplicación práctica de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los tratados y normas internacionales que los desarrollan, incluyendo la Convención sobre los Derechos del Niño.

La Agenda no va a llegar sola, ni sin esfuerzo, ni sin recursos. Estos compromisos requieren inversiones sustantivas. Los ODS, por tanto, son una llamada de atención para incrementar el gasto doméstico, la solidaridad internacional, y la movilización de recursos públicos y privados.

1.  EL TRABAJO DEL PNUD

Permítanme ahora decir algunas palabras sobre la centralidad de la Agenda 2030 en el trabajo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, mi organización, que es una de las mayores entidades de la ONU, con un gasto anual de 5,000 millones de dólares en los 144 países más pobres del mundo. Esta tarea se realiza enteramente con contribuciones voluntarias de los países más desarrollados, incluida naturalmente España.  

Nuestra tarea es la lucha contra la pobreza en el conjunto del sistema de Naciones Unidas, trabajamos juntos para que la agenda se implemente de manera completa y coherente. Nuestra responsabilidad es apoyar la transversalización de la Agenda 2030 en los planes nacionales de desarrollo, identificar los aceleradores del progreso social y proporcionar un apoyo integral a las políticas públicas de mayor éxito y menor coste.

Mi organización, el PNUD, tiene un fuerte compromiso con la localización de la Agenda 2030 en los contextos regionales, municipales y urbanos y apoyar las capacidades de los gobiernos locales para promover este modelo de desarrollo sostenible. La iniciativa Ciudades amigas de la infancia, captura el espíritu de la Agenda 2030 y apoya la localización de sus aspiraciones, asegurando el bienestar de los niños y los jóvenes como prioridad en las ciudades en las que viven. 

Un paso importante en su desarrollo personal y colectivo, es darles una voz en el proceso. Los sistemas políticos y de participación han ido avanzando, podríamos decir rejuveneciendo, de los tiempos en que participar y ser escuchados era limitado a los mayores de edades en la mitad de la segunda década, a sistemas en que la participación de niños y niñas, estudiantes, y votantes cada vez más jóvenes, o el derecho a ser oído en causas judiciales que afectan a uno o a sus padres, se considera posible y deseable. En cierta medida se ha ido haciendo paso la idea de que, de manera razonable y adecuada a la edad, todo el mundo puede influir en las decisiones que nos afectan. Así como la Agenda 2030 fue aprobada tras un proceso de consultas global sin precedentes, incluyendo a muchos jóvenes y adolescentes, los niños tienen derecho a ser oídos y a formar parte de los debates sobre su futuro y el de sus comunidades, ya digo, de manera progresiva y racional. Tenemos que continuar los caminos innovadores que incluyen a los niños en los debates de política pública que les afectan, como fue hecho, por ejemplo, a través del proceso del Manifiesto de Santander. Nuevos temas y problemas, como el acoso escolar conectado con la salud, la educación y la violencia, se sitúan con importancia entre las propuestas innovadoras de este nuevo origen, tan legítimo como el que más.

Señoras y señores, una niña que tiene cinco años hoy será una mujer en 2030, cuando tengamos que rendir cuentas sobre la puesta en obra de esta agenda para un mundo mejor. Deberemos estar en condiciones de decirles que como generación que fue responsable de las primeras décadas del tercer milenio hicimos nuestra contribución. Si tenemos éxito, ellos podrán mirar adelante hacia una vida próspera y pacífica – sin temor a explosiones nucleares, conflictos devastadores, consecuencias planetarias del calentamiento global, injusticias sociales que llevan a la emigración desesperada o al hambre y a las guerras. Si fallamos, tendrán que vivir con la realidad de un mundo turbulento, enfrentado y difícil, Hobessiano – una nueva jungla de asfalto en el que la ley del más fuerte se habrá impuesto a la ética y a la ayuda mutua. Transformar nuestras economías en orden a alcanzar los patrones de producción y consumo sostenible que eviten convertir nuestros océanos en basureros, nuestras ciudades en incineradoras y nuestros humedales en desiertos es otra responsabilidad, si queremos que nuestros niños y niñas sigan disfrutando de un mundo natural con hipopótamos, tigres, leones, panteras, ballenas y gorilas, y  mares y ríos en los que puedan aprender a nadar.    

2.  CIUDADANÍA GLOBAL

Esto me lleva a un último punto, la importancia de construir una ciudadanía global. Los niños y los jóvenes de hoy serán los futuros tomadores de decisiones en sociedades multiculturales que es necesario construir sobre la tolerancia y el respeto a la diversidad. Esto requiere que nuestros niños abracen la noción de ciudadanía global sumándola a su propia identidad cultural y nacional.

Hay un principio de igualdad humana común a todas las grandes religiones, escuelas de pensamiento ético y que late en todo individuo como parte de su naturaleza, antes de adquirir ideas transmitidas por la cultura. Construir identidades sobre el respeto a la diversidad de estilos de vida, culturas y creencias es particularmente importante cuando vemos como intolerantes de diverso signo y recurren a viejos fantasmas identitarios de división y odio que creíamos hasta cierto punto sino superados al menos convertidos en creencias minoritarias, consideradas inaceptables y groseras. El menosprecio de las mujeres, de las preferencias afectivas no mayoritarias, de las minorías, de las personas con minusvalías, de lo foráneo y desconocido y de la gente que lo tiene difícil, de los pobres, debe de desterrarse en favor de una nueva curiosidad por lo ajeno, una nueva solidaridad con los que sufren, un nuevo impulso por la igualdad entre quienes tienen más y quienes no han tenido tanta fortuna entre hombres y mujeres.

Yo estoy muy esperanzado de que así será. Aunque absorben lo mejor pero también lo peor de nuestra cultura, nuestras generaciones jóvenes son políticamente despiertas. En general respetan la diversidad. Hablan contra las injusticias más que en su favor, y rechazan mayoritariamente el racismo y otras formas de intolerancia. Quieren proteger el medio ambiente, aunque eso signifique hacer sacrificios personales.

Creo que su compromiso con la sostenibilidad y la equidad es auténtico. Por eso esta es una agenda para los jóvenes, los hermanos mayores de los niños y niñas de quienes hablamos hoy aquí. Es una agenda para el porvenir porque imagina ese futuro mejor desde ya, desde hoy, y desde la acción colectiva y la responsabilidad individual.

Por su atención, muchas gracias. 

PNUD En el mundo

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D

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H

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L

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M

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N

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O

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