Tres mujeres ingresan a una casa destruida por Boko Haram.
Poco queda de Ngwom, una aldea comercial a 10 kilómetros de Maiduguri, en Nigeria. En 2014, Boko Haram atacó y destruyó la ciudad, matando e hiriendo a muchas personas. Foto: PNUD Nigeria

"No hay paz sin mujeres" es una declaración con la que todos queremos estar de acuerdo. Pero ¿cuáles son hoy los matices de la participación de las mujeres en la paz, el conflicto y el extremismo? ¿Cómo puede ayudarnos a comprender mejor las funciones de las mujeres, no solo en la mesa de negociaciones para la paz nacional, sino también como agentes de cambio en sus comunidades?

En líneas generales, hoy se entiende que la paz tiene un vínculo profundo con la igualdad de género y el liderazgo de las mujeres en los esfuerzos de prevención, protección y consolidación de la paz. Este consenso se articuló por primera vez hace 18 años con la adopción de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (UNSCR), y se reafirmó en las resoluciones sobre mujeres, paz y seguridad que siguieron.

Sin embargo, muchas cosas han cambiado en el mundo desde 2000, en particular el aumento del extremismo violento. A diferencia del conflicto tradicional, la violencia extremista no está limitada por las fronteras y tiene un impacto directo tanto en el sur como en el norte. El desafío está en comprender lo que motiva a los grupos extremistas, sus aspiraciones e identidades. Cuando tratamos de mitigar el extremismo, queda muy claro que nuestro objetivo no debería ser simplemente terminar el conflicto; en su lugar, deberíamos esforzarnos por contribuir a construir y mantener sociedades pacíficas, tolerantes y resilientes.

Por ello, el extremismo violento ha reabierto la conversación sobre las mujeres, el conflicto y la paz. Aunque el Plan de Acción del Secretario General para Pprevenir el Eextremismo Violento reconoce las necesidades de las mujeres y las niñas, las tácticas tradicionales de lucha contra el terrorismo y de lucha contra el extremismo violento (CVE) a menudo no toman en cuenta al género. En muchos casos, no logran basarse en el marco de la agenda sobre las mujeres, la paz y la seguridad o en las lecciones aprendidas relativas al género en la reducción del riesgo de desastres. Catalogar a las mujeres como "víctimas" o "combatientes" oscurece el matiz de sus roles en el conflicto extremista.

En realidad, los roles de las mujeres en entornos extremistas son complejos. Las mujeres pueden perpetuar el extremismo, ya sea porque se unieron voluntariamente a los movimientos extremistas o porque se vieron obligadas a hacerlo. Las mujeres también pueden estar asociadas con combatientes masculinos como esposas, madres, hijas y miembros de la comunidad. Asimismo, las mujeres pueden actuar como constructoras de paz, incluso a través de organizaciones de mujeres. Tienen la posición en la familia o la comunidad para contribuir a la prevención del extremismo, a la desradicalización, al apoyo psicosocial y a la reintegración de excombatientes. Las mujeres pueden moverse entre estos roles, según la situación en la que se encuentren y las oportunidades que se les brinde.

Cuando hablamos de "mujeres", debemos tener cuidado de no considerarlas un grupo homogéneo. Los grupos de mujeres que viven en contextos extremistas varían ampliamente en función a su edad, origen étnico o socioeconómico, discapacidad, estado migratorio, etc. Al tomar en cuenta estos parámetros, debemos analizar información que nos ayude a crear programas y políticas específicos al género.

El análisis de información nos abre el entendimiento y nos ayuda a abordar las complejas  necesidades de las mujeres en la prevención del extremismo violento. Es una herramienta crítica para llenar vacíos de datos y conocimiento y para crear programas basados en evidencia. En el marco de nuestro programa "Soluciones de desarrollo para la prevención del extremismo violento", el PNUD respalda las iniciativas de análisis de información y el diálogo basado en la evidencia a nivel mundial y regional. Examinamos los factores que impulsan la radicalización y el extremismo violento, así como los que impulsan la paz. Nuestro programa está dirigido por Oslo Governance Center, en colaboración con los centros regionales del PNUD y en alianza con instituciones académicas y de investigación. Para revisar el progreso alcanzado y el conocimiento generado sobre la investigación del extremismo violento sensible al género, el PNUD está organizando una segunda conferencia en Oslo ("Oslo II") en mayo.

Le damos prioridad a los análisis de información que elevan las voces y las experiencias de las mujeres constructoras de la paz. Una de nuestras iniciativas de investigación en curso, titulada El papel de la mujer en el extremismo violento como perpetradoras, repatriadas y constructoras de paz, se lleva a cabo en alianza con la Red de Acción de la Sociedad Civil Internacional para sacar a la luz las experiencias de las mujeres en los procesos de desradicalización y documentar las estrategias y los enfoques de las organizaciones de mujeres que apoyan a los repatriados.

El estudio del papel de las mujeres en contextos de extremismo violento revela la flexibilidad de las mujeres, su capacidad de recuperación y su potencial para actuar como agentes de cambio. Si bien algunas mujeres pueden ser verdaderas perpetradoras del extremismo, en general son una minoría, y las mujeres incluso pueden exhibir una tendencia más cohesiva socialmente. El reciente informe del PNUD Viaje hacia el extremismo en África encontró que las mujeres eran más propensas que los hombres a aceptar que las personas pertenecientes a diferentes religiones deberían ser tratadas por igual.

Las mujeres tienen una ventaja considerable como interlocutoras para la paz gracias a su capacidad de comprender la dinámica de su propia cultura y de utilizar los recursos en sus comunidades locales. El PNUD ha destacado anteriormente el potencial de las mujeres para construir resiliencia en sus comunidades frente a los desastres: es hora de hacer lo mismo para los contextos extremistas. Si queremos trabajar para lograr una paz positiva que sea inclusiva y sostenible, tendremos que llevar adelante la Resolución 1325 y, con eso, necesitaremos la ayuda de las mujeres.

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