Uprooted by conflict in Ukraine, one middle-class family’s isolating struggle
Trabajadores en una fábrica apoyada por el PNUD en Kramatorsk, Ucrania oriental, donde la violencia eliminó un millón de empleos en dos años. Foto: Mackenzie Coursin-Knowles/PNUD

El trabajo en medio de los conflictos siempre es una ardua lucha, aunque también presenta oportunidades para progresar hacia el desarrollo de manera diferente. Ese es el espíritu del nuevo Plan Estratégico, como dice el Director para el País, Janthomas Hiemstra.

La violencia en el este de Ucrania ha ocasionado una ruptura total, que se ha cobrado la vida de 10.000 personas y desplazado a más de 1,6 millones. Sin embargo, también ha golpeado a la economía del país y, desde la primavera del 2016, han desaparecido un millón de empleos, afectando además a la infraestructura como puentes, fábricas y clínicas que se han visto reducidas a ruinas. Los costos de recuperación estimados en ese período ascendían a US$1.5 mil millones.

La sociedad ha sufrido las heridas más profundas. He conocido a cientos de desplazados internos que no pueden más que contar historias de asilamiento y aflicción, pues muchos de ellos viven lejos de sus familiares más allá de la línea de contacto que separa a las zonas controladas por el gobierno. Las poblaciones de Ucrania que han recibido a los desplazados internos con extraordinaria hospitalidad saben que ello implica compartir escuelas y clínicas, y coexistir con extraños.

El trabajo a favor del desarrollo bajo tales circunstancias presenta dificultades particulares. La violencia puede estallar en cualquier momento, los comercios tienen que empezar desde cero tras meses de intenso trabajo, mientras la disponibilidad de productos básicos como agua o pan es impredecible, sobre todo a inmediaciones de la línea de contacto.

Aún, mientras el conflicto fue un severo impacto para Ucrania, no tardamos en entender que muchos de los problemas de la parte este del país no eran del todo nuevos. Mucho antes del conflicto, la industria minera y del acero ya venían declinando, lo que resultó en una baja productividad y desempleo. Asimismo, los gobiernos locales no estaban equipados, o en ocasiones se veían afectados por la corrupción como para brindar servicios adecuados, incluso en periodos de paz.

Un nuevo esquema de trabajo

Para el PNUD, la cuestión no solo era cómo sobrellevar la crisis, sino cómo aprovechar la situación como un impulsor del cambio.

Con ello en mente, nuestro programa de recuperación y consolidación de la paz se estableció para reconstruir infraestructura esencial y reestablecer servicios sociales, impulsar la economía y promover la resiliencia y la consolidación de la paz en cinco de las provincias más afectadas por el conflicto, conocidas como óblasts.

Dimos un firme paso al desplazar a un equipo experto de 70 miembros al este de Ucrania, lo más cerca posible de la línea de contacto. Ello en sí llevó meses de un extremado esfuerzo pues no contábamos con ese equipo. Ahora, nuestros compañeros, tanto mujeres como hombres, están trabajando directamente con los desplazados internos, comunidades de acogida, gobiernos locales y regionales y, significativamente, están brindando un marco de seguridad para dignatarios y donantes internacionales. Prestamos nuestros servicios como asesores neutrales y de confianza en las áreas más difíciles, combinando esfuerzos en pro de la recuperación y del desarrollo.

En el este de Ucrania, en un inicio no teníamos otros organismos como aliados. Con el tiempo creamos una plataforma que reúne a 12 donantes, junto con ONU Mujeres, FAO, UNFPA y PNUD, empresas, inversionistas de impacto social y nuestras contrapartes nacionales. Este año hemos iniciado la entrega de la plataforma al gobierno.

Invertir en el futuro

Gracias a nuestra presencia sobre el terreno hemos movilizado nuevos fondos. En diciembre de 2016, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) facilitó $200 millones de financiación mediante préstamos para proyectos que el PNUD evalúa y monitorea. Así, se han logrado restaurar hospitales, escuelas y centrales eléctricas.

Los administradores locales ahora están dirigiendo este tipo de trabajo y nuestro papel está enfocado a la modernización en el marco de la reforma de descentralización de Ucrania. Estamos ayudando a implementar administraciones locales más austeras y receptivas, y a establecer unidades de apoyo jurídico para que los desplazados internos puedan solicitar beneficios sociales al cruzar la línea de contacto. Con el apoyo de Suiza, Suecia y los Países Bajos, también hemos creado oficinas locales para atender quejas y resolver problemas de manera práctica.

Finalmente, hemos lanzado un programa de empleo concebido para inspirar a las personas de las zonas afectadas por la guerra (la mayoría han trabajado toda su vida en minas y fábricas) a convertirse en emprendedores. Ahora estamos trabajando con cientos de empresas, a través de financiación participativa o crowd-funding y otras técnicas modernas para ayudar a diseñar soluciones que beneficien a todas las personas.

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