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En Sudán del Sur, las mujeres al centro de la lucha contra la hambruna

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Mujer de Sudán del Sur junto a vacasLas mujeres en Sudán del Sur apoyan a las familias y producen lo poco que se puede comer, y ya están desempeñando un papel clave en la construcción de la paz. Foto: PNUD Sudán del Sur

Más de 3,5 millones de personas desplazadas y 7,5 millones en situación de emergencia son el resultado de la guerra civil que padece Sudán del Sur desde hace tres años, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH). Los ingresos del petróleo han bajado, en muchas regiones las actividades agrícolas y comerciales están paralizadas y la inflación se ha disparado.

Las previsiones apuntan a que la cifra de personas en situación de inseguridad alimentaria grave alcance los 5,5 millones en julio de este mismo año, y más de 1 millón de niños sufren desnutrición aguda. El estado más joven del mundo está al borde de una hambruna generalizada.

Los orígenes del conflicto se encuentran en la profunda desconfianza entre comunidades, la proliferación de armas ligeras, el incumplimiento rampante de la legalidad, la falta de instituciones capaces de resolver disputas y las carencias económicas generalizadas. Según Elisabeth Ngor, Directora Regional de la Organización de Cuidados Materno Infantiles de Sudán del Sur en la región noroccidental de Aweil, las personas más vulnerables son las mujeres y los menores. Sin embargo, las mujeres del país siguen siendo el sostén de sus familias y producen la poca comida que hay, además de desempeñar un papel clave en la construcción de la paz.

Como Director de País de PNUD en Sudán del Sur, he visto con mis propios ojos la determinación y el espíritu de las mujeres de este país, así como la dureza del trabajo que suelen realizar en condiciones adversas para sacar a sus comunidades y familias del conflicto y la pobreza extrema. En Sudán del Sur, al igual que en gran parte de África, la producción de alimentos recae fundamentalmente sobre las mujeres, a las que, además, les toca ocuparse del cuidado de los menores y los ancianos. La mayor parte de los hogares desplazados por la guerra están encabezados por mujeres.

La violencia sexual y de género asociada al conflicto sigue siendo una lacra que, a menudo, tiene su expresión mientras las mujeres realizan sus tareas cotidianas, como recolectar leña o atender los cultivos. Por este motivo, estamos invirtiendo en crear mecanismos de protección para los grupos vulnerables con el fin de prevenir y dar respuesta a esta forma de violencia mediante sistemas de vigilancia comunitaria y comités de paz, servicios de asistencia jurídica y una mejor cohesión social.

En las granjas y los campos, en los mercados, en las aldeas y en los campos de desplazados por los combates, las mujeres de Sudán del Sur muchas veces piden solo bombas de irrigación, herramientas agrícolas y semillas que les permitan alimentar a sus familias. Estamos trabajando con nuestros aliados para proporcionar estos elementos. También trabajamos para mejorar el acceso a los mercados, la formación vocacional centrada en el procesado de alimentos y pescado, y las energías renovables para, de esta manera, poder mantener abiertas las instalaciones sanitarias y educativas esenciales.

La creciente colaboración entre los organismos que proporcionan la ayuda de emergencia que contribuye a salvar vidas y al desarrollo a largo plazo está diseñada para ir apuntalando el futuro de Sudán del Sur. Tanto aquí como en otros países asolados por crisis prolongadas, el PNUD colabora para fomentar la resiliencia ante nuevas conmociones y promover la autosuficiencia de las mujeres y los hombres.

Nuestra prioridad es devolver a las personas la oportunidad de trabajar. En todas estas actividades, las mujeres representan uno de nuestros principales ejes de actuación.

El pasado año, el PNUD lanzó el Informe sobre Desarrollo Humano en África y el primer Informe de Desarrollo Humano nacional de Sudán del Sur. De los estudios realizados para el informe se desprende que la desigualdad de género reduce el desarrollo humano general del país en un 20%. Esto supone un desperdicio extraordinario del potencial del país y provoca un sufrimiento innecesario para el grupo que constituye la columna vertebral de la economía.

El apoyo a las mujeres y las niñas y la oportunidad para que se escuchen sus voces, en especial en el marco de un diálogo nacional inclusivo, será vital para acabar con la escasez alimentaria cada vez más extendida que sufre el país y construir una nación en paz y resiliente en los años venideros.

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