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A un año del terremoto en Ecuador, aún queda mucho por hacer

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Unas 2.600 familias reactivaron la producción en zonas rurales de Manabí y Esmeraldas, generando incrementos promedio de 50% en sus ventas. Foto: Gabriela Ullauri/PNUD

En Ecuador, 40 segundos fueron suficientes para materializar la vulnerabilidad acumulada durante décadas. Cada construcción antitécnica, cada incremento de pisos sin supervisión, cada ahorro en materiales, nos pasó factura aquel 16 de abril de 2016. Ocasionando 671 fallecidos y más de 241.000 afectados; fue sin duda una de las emergencias más grandes que ha vivido el país en las últimas décadas.

Esta emergencia rebasó las capacidades de atención y evidenció que se requiere fortalecer la preparación, prevención y recuperación para hacer frente a eventos adversos de gran magnitud. A pesar de esta realidad, una red de solidaridad nacional e internacional se activó para ayudar y ocuparse de la emergencia. Las entidades de Gobierno se encargaron de múltiples frentes y territorios que requerían atención inmediata. Las organizaciones de la sociedad civil estuvieron también presentes coordinando, gestionando y acompañando a quienes más lo necesitaban. El mandato humanitario de atender a las personas de manera integral, se hizo una realidad.

En este contexto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) contribuyó con el Gobierno en varios frentes. En el proceso de evaluación de necesidades posdesastre, un grupo de especialistas sectoriales trabajaron con la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (SENPLADES) para evaluar los efectos e impactos del terremoto. Otros equipos técnicos del PNUD trabajaron en d remoción de escombros, coordinación de emergencias complejas y otros temas sociales y ambientales.

El PNUD, conjuntamente con el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (MIDUVI), puso en marcha un proceso de evaluación rápida de estructuras, donde se capacitaron a 594 voluntarios quienes evaluaron 35.801 edificaciones en Esmeraldas y Manabí, con la finalidad de proteger la integridad física de las personas frente a posibles réplicas o nuevos sismos.

Casi de forma paralela a la emergencia, vino la recuperación y la reconstrucción, proceso que implicó nuevos y acelerados aprendizajes para todos. Desde el PNUD, uno de los temas que se trabajó fue la remoción de escombros en zonas rurales y la recuperación de medios de vida, promoviendo en la gente su recuperación económica y productiva.

A un año del terremoto, hemos apoyado a 2.678 familias que reactivaron la producción en zonas rurales de Manabí y Esmeraldas, gracias a la asistencia técnica, formación y reparación de infraestructuras, generando incrementos promedio de 50% en sus ventas. Tambien se apoyó la reubicación de 1.700 comerciantes en la ciudad de Manta.  Cuatrocientas setenta familias reactivaron sus comercios en la provincia de Manabí, de las cuales un 64% son mujeres.

PNUD apoyó también en mejorar los conocimientos y la aplicación de la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC-15), generando una serie de guías prácticas de diseño y construcción, materiales de capacitación y listas de verificación de mínimos requeridos. Unas 8 mil personas han sido capacitadas en varios lugares del país.

A pesar de estos esfuerzos, a un año del terremoto aún hay temas pendientes. Debemos trabajar en reducir la vulnerabilidad físico estructural de las edificaciones, no solo en las zonas afectadas, sino en todo el país. Se requiere cambiar las prácticas de construcción, tener más conciencia sobre los procedimientos constructivos, mejorar el uso de los materiales y las técnicas y reforzar las edificaciones y estructuras que ya existen. Además, es necesario generar campañas y una mayor concientización en toda la población. Reducir la pobreza, la inequidad y aumentar el acceso a servicios básicos, educación y salud de calidad, son elementos que también forman parte de la reducción del riesgo de desastres.

Los riesgos son una construcción social y desde esta lógica están vinculados estrechamente a las agendas y modelos de desarrollo; por ende, deben empatarse con las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Sabemos que Ecuador se encuentra en el cinturón de fuego del Pacífico y que un nuevo sismo volverá a ocurrir en alguna parte del territorio nacional y no solo debemos estar preparados para atenderlo, sino trabajar para que no se convierta en un desastre.

Reducir el riesgo es tarea de todos.

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